Capítulo 208: No en mi presencia...
Marina, al ver su reacción, supo que algo había ocurrido.
—¿Qué? ¿Qué sucede, Marina? ¿Qué sucede?
—El señor, ya la encontró, está en la vieja capilla...
Marina no esperó a escuchar más; salió corriendo a toda prisa para ver a su hija. Ella sentía que la panza estaba revuelta, pero en ese momento nada importaba salvo su hija, su niña, su bebe.
En la capilla, tan pronto como Esteban y Renata llegaron, esta dijo:
—Ya ves, papá, te lo dije, solo estaba haciendo drama. A Diana le gusta hacer que todo gire en torno a ella.
Aquella actitud frívola sorprendió a Esteban, pues él nunca hubiese imaginado que entre ellas hubiera ałgún problema.
Tan pronto como llegó y vio a la niña sentada en una banca vigilada por Efraín, quien fumaba un cigarro fuera del lugar, no se detuvo a preguntar cómo la había encontrado; simplemente pasó de largo, llegó delante de la niña y le lanzó una fuerte bofetada.
Efraín, al ver aquello, se sorprendió y decidió intervenir. Renata, al ver la actitud de su padre, se sintió más que complacida; al parecer, el dolor de su hermana a ella le agradąba.
—¿QUÉ CARAJOS CREES QUE HACES? ¿ACASO NO CREES QUE NOS PREOCUPASTE? TU MADRE ESTÁ ANGUSTIADA BUSCÁNDOTE POR TODOS LADOS, ¿PODRÍAS UN MOMENTO DEJAR DE SER TAN EGOÍSTA, DIANA? —gritó el hombre fúrico.
Diana apenas tuvo tiempo de reaccionar; sus ojos se le llenaron de lágrimas, ella sentía su mejilla arder, sus cabellitos se le pegaron a la cara, la cual dolía como nunca.
—¡Papito! —dijo Diana apenas reaccionando.
Esteban estaba a punto de darle otra bofetada, pero su mano fue detenida por Efraín.
—¡Basta! ¿Para esto querías encontrar a tu hija?
¡Deja de repetir los putos errores del pasado! ¿Acaso no ves que tu hija está asustada? ¡Se acaba de escapar de casa! ¿Y tú lo único que piensas es en golpearla? —expresó Efrpian sintiéndose reflejado en aquella niña.
—¡Cállate! ¡Es mi hija! ¡Yo sé cómo la educo!
—No en mi presencia...
—¿Tú qué vas a saber de cómo educar a un niño?
¡Tú ni padre eres!

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