Capítulo 21: ¡Eso es una tremenda estupidez!
Tan pronto como el avión aterrizó, Esteban envió a Lorena a casa, mientras él fue a la oficina, donde sabía perfectamente bien que su padre aún estaba laborando.
—¿Puedo pasar? —preguntó Esteban tragando saliva, pues sabía perfectamente bien que aquella no sería una plática cómoda.
—¿Esteban? ¿Qué demonios haces aquí? ¿Acaso no fui claro? ¿Supongo que fuistea ver a tu mujer?
—Acabo de llegar a la ciudad y pensé que sería bueno hablar...
—Esteban, veo que aún no ves lo serio que es el problema en el que estamos metidos.
—Padre, habla ya, no entiendo por qué mi vida privada debe ser motivo de problemas en la compañía.
—Esteban, ¿acaso debo recordarte que somos una de las más grandes cadenas hoteleras del país?
¿Acaso debo recordarte que, por años, la visión de ser una empresa familiar es lo más importante? Por esa maldita razón, permití que cometieras la maldita locura de casarte con esa pueblerina.
No sabes cómo maldigo el momento en que acepté el deseo de tu abuela Sofía y de tu madre; si no hubiese aceptado, tú nunca hubieses conocido a Lorena y, mucho menos, te hubieras topado con Marina, aunque esta última, siendo honesto, me da lástima, porque ella no tuvo gran culpa; su única culpa es que fue demasiado idiota para no darse cuenta de la verdad.
—¡Padre! ¿Puedes dejarte de rodeos y decirme lo que sucede de verdad?
Acto seguido, Dante soltó los documentos que tenía en mano, se retiró los lentes y dejó caer su espalda en el respaldo de su asiento.
—Hoy recibí una interesante ilamada de Carlos Casseres...
—¿Qué te dijo? —preguntó Esteban al escuchar aquel nombre.
—Se enteró de tu maldito desliz...
—¿Desde cuándo aquí, mi vida privada es del dominio público?
—¿Te digo cuándo?
—Dime...
—Cuando aceptaste convertirte en el CEO de esta Cent 21fenesnna tromenda astupdra maldita compañía. ¿Ya no lo recuerdas? Hace varios años estabas muy interesado en la dirección, que poco te importó lo que tuvieras que hacer para serlo, ¿verdad?
Esteban, lo que te dije el día que decidiste abandonar a tu mujer era verdad. Debías estar muy seguro de lo que estabas haciendo, pues de no estarlo, el daño que harías sería irreparable y, créeme, no solo me refería a tu esposa e hijas, también lo decía por nuestra familia y esto. —dijo Dante señalando con el dedo el lugar en donde estaban. —Carlos no está muy a gusto con la puta noticia que salió hoy y qué decir de Cecilia.
—¿A qué te refieres?
—Esteban, esto no es un juego, sabías las consecuencias de tus acciones, te lo advertí cuando te acercaste a mí para decirme lo que planeabas.
—Padre... Tú dijiste que era mi decisión y la respetarías; no veo por qué mi vida deba ser discutida por los accionistas de la compañía.
¿Acaso Marina ha hablado con Cecilia? ¿Es eso verdad? Marina contactó a Cecilia.
—El tema no es Marina; ella, aunque me cueste aceptarlo, se ha portado como una dama. Aquí el tema eres tú paseándote en tu maldito yate en Los Cabos mientras Marina sale del hospital.
—Yo no sabía que ella iba a salir del hospital; además, según tú, ella se ha comportado como una dama. ¿Quién crees que pudo hacer todo esto?
¿Acaso crees que Marina es tan inocente como parece? Ella ya sabe de la existencia de Lorena y no dudo que esté aprovechándose de su situación para causar lástima.
—Esteban, ¿en qué maldito momento te has vuelto tan inmaduro? Lo que acabas de decir, ¿de verdad te lo crees? ¡Maldita sea! ¡Ya eres un adulto! ¡Eres padre y eras esposo! No puedo creer que seas tan...
—¿Tan qué padre?
—¡ldiota! He sido paciente contigo; hablamos seriamente cuando me di cuenta de tu relación con Lorena. Te pedí que te alejaras de ella, no lo hiciste; te pedí que pensaras bien las cosas, no lo hiciste; te pedí que tomaras la mejor decisión y, aun así, no lo hiciste. Ahora asumirás las consecuencias de tus decisiones.
—¿De qué estás hablando?
—Como te dije, tuve una llamada con Carlos Caseres; el hombre pidió que tomara cartas en el asunto.
—¿Cómo piensas tomar cartas en el asunto?
—Hoy acabo de hablar con él, llega en quince días.
Tal como lo conoces, pidió varias excentricidades, pero nada que la compañía no le pueda dar.
—¿Estás feliz con esto? ¿Verdad? —dijo Esteban tratando de ocultar su molestia.
—Ni tantito, pero no me dejaste más opción...
—¿Por qué demonios tenía que ser Ángel? ¿Acaso no podías pensar en cualquier otro de la familia?
—Sabes bien que él es el único que podía tomar el cargo; el que tú y él hayan peleado hace años no quiere decir que sea un mal elemento; al contrario, creo que él traerá sangre nueva e inyectará nuevas ideas al negocio familiar.
—¿Ángel?—No veo cómo pueda traer nuevas ideas, él es un puto analista financiero, ¿qué demonios va a saber de administrar un negocio a nivel nacional?
—Esteban, tienes dos opciones aquí y, por cómo veo las cosas, en ninguna quedarás como CEO en México.
—Te dejas de estupideces, terminas lo que tengas con Lorena Huesca y regresas con Marina y te quedas a asesorar a Ángel o, te vas al pueblo у diriges las diversas sedes en Puebla. El puesto es de menor rango, pero es justo. Estarás de acuerdo con que ahora tu rostro no es algo que Carlos ni Cecilia quieran ver de primera mano.
—¡ESO ES UNA MALDITA LOCURA! ¡NO PUEDES HACERME ESTO! ¡LLEVO CASI 15 AÑOS TRABAJANDO DURO PARA ESTE PUESTO! ¿CÓMO PUEDES QUITÁRMELO ASÍ DE FÁCIL?
—¡Baja el maldito tono de voz que aún puedo escuchar bien! Tú conocías las consecuencias, no finjas que no...
—Si no me separo, ¿podría conservar mi cargo?
—Ya da lo mismo que sigas o no casado, la decisión se tomó. Efraín llega en quince días y no hay vuelta de hoja.
Esteban no podía seguir soportando aquella situación, por lo que con rabia se levantó de su asiento y caminó hacia la puerta.
—¡Qué maduro de tu parte! —dijo el padre al ver la reacción de su hijo.
Esteban no dijo nada, simplemente salió de aquel lugar y se marchó con un destino conocido.

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