Capítulo 211: ¡Nosotros ya no somos una familia!
A la mañana siguiente, Marina se levantó con un terrible dolor de cabeza y cuerpo; el día anterior había estado tan estresada que su cuerpo se tensó al grado de hoy doler como si se tratase de un resfriado. Aun con ello, sabía muy bien que había cosas que no podía postergar.
Tan pronto dejó la cama, tomó un baño y ahí pensó en qué era lo mejor que podía hacer para solucionar el gran problema que tenía. Aquello la llevó a la casa nueva y ahí fue donde tomó la decisión.
Con la mente más clara y el cuerpo un poco más relajado, bajo a la cocina a ver el desayuno. Para su sorpresa, Renata era la primera en estar sentada en la mesa del desayunador; ya tomaba leche y galletas, mientras Ofelia le iba llevando uno que otro manjar.
—Buenos días... — dijo Marina tan pronto entró a la cocina.
—Buenos días, mamá... —respondió Renata con el uniforme ya puesto y sin ninguna preocupación.
—Buenos días, señora. —dijo Ofelia poniendo atención en el semblante cansado de Marina.
Marina dio un recorrido con la mirada y no encontró a su Diana; supuso que esta se les uniría en breve, cosa que así sucedió, pues Diana llegó minutos después. No lucía nada bien; se notaba triste y avergonzada.
—Buenos días, Diana... —dijo Marina tomando un sorbo de su café.
—Hola, mami... Bu... Buenos días... —dijo Diana tomando asiento a un lado de Renata.
Esta, al ver la acción de su hermana, hizo dos cosas:
la miró con terror y tomó su plato para levantarse y alejarse de ella. Marina, al ver aquella acción, decidió que era el momento de sentarse a hablar con ella y poner las cosas muy en claro.
—Renata...
—¿Sí, mamá?
—No te muevas de tu lugar, quédate ahí... —dijo Marina en un tono serio pero sin gritar.
Luego de eso, Marina jaló la silla frente a ellas, tomó asiento y dijo:
—Ustedes dos me van a escuchar, soy su madre y sé que es lo mejor para ustedes.
—Mamá, se nos va a hacer tarde para ir al colegio.
—replicó Renata con calma.
—No, hoy no van a ir al colegio, hoy se van a quedar en casa; de hecho, acabo de enviar un mensaje a la profesora titular para que avise a la directora que lo que resta de esta semana no irán.
—¿Qué? ¿Por qué? ¡Aquí la delincuente es ella! —
dijo Renata señalando a su hermana.
—Renata, toma asiento y baja el tono de voz. —dijo Marina calmada.
—¡No! Yo tengo cosas que hacer en la escuela. No me pienso quedar con esta; ella me puede golpear, incluso creo que podría matarme. —expresó Renata, mientras que Diana solo agachó la cabeza.
—¡Siéntate! —dijo Marina aun con un tono suave pero dando una orden.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)