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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 212

  Capítulo 212: ¡Esto lo va a saber papá!

En otro momento, aquellas palabras podían haberse clavado en el corazón de Marina de un modo doloroso, pero últimamente ella había ido asimilando que muchas de las actitudes de su hija estaban bien cimentadas por las ideas que Lorena le había podido sembrar.

—¡Cállate, Renata! ¡No le hables así a mamá! ¡Ella es nuestra mamá! ¡Tú no puedes hablarle así a mamá! —expresó Diana apretando sus manitas en un puño.

Marina, al ver la reacción, intervino:

—Renata, Diana, se me calman las dos y se sientan.

Renata, tienes toda la razón, soy una pueblerina que solo estudió la preparatoria, me casé teniendo solo ocho años más que ustedes, me casé llena de ilusiones, estaba enamorada de su padre al grado de no pensar bien las cosas; al hacerlo, me olvidé de mis sueños, de mis anhelos, estaba completa y absurdamente enamorada.

Sé que en algún momento les va a ocurrir a ustedes y espero estar presente en sus vidas para saber guiarlas y ayudarlas a elegir el mejor camino. Jamás me voy a arrepentir de haberme casado con su padre, porque de ese amor, de ese cariño, nacieron ustedes dos y las amo como no tienen una idea.

Tal vez no tengo clase, tal vez no soy tan interesante como la novia de su padre, tal vez algún día pueda contarles cómo fue que me casé con su padre; por ahora solo deben saber que su padre fue el hombre del que me enamoré y del que, como ya conocen la historia, llegó a mi puerta y me pidió matrimonio.

Renata, si la señorita Huesca tiene tanta clase como dices, ella debería saber que hay temas que solo los adultos tratan con adultos. Una mujer con muy buena educación sabe que hay cosas que uno debe callar y no hablar con cualquiera, pues no sabe cómo pueden repercutir en la vida de los dermás.

Y tienes razón, ya no somos una familia, pero una familia como la que éramos antes. Ahora somos una familia un tanto extraña; su padre vive en una casa y yo en esta casa, que, por cierto, aprovecho para decirles algo que va a suceder: quieran o no, nos vamos a mudar esta semana, razón por la que no irán a la escuela. —dijo Marina sin pedir permiso.

Ambas niñas se quedaron impresionadas por aquella declaración; no les cabía en la mente aquella noticia.

—¿Nos... ¿Nos vamos a mudar? —preguntó la timida Diana.

—Sí, nos vamos a mudar; ya compré una nueva casa. —dijo Marina, viendo a su hija y luego dirigiendo su mirada a Renata. —Tal como dices, Renata, esta vida no era mía, esta casa iba a ser para alguien más, jamás me ha gustado, me duele reconocerlo, pero no, esta casa no nos ayuda a superar lo que sucedió, así que he decidido comprar una casa en otro lugar.

—¿Con qué dinero? ¡Tú no tienes dinero! Mi papá es quien paga todo; tú tuviste que pedirle permiso a papá. —dijo Renata, sorprendida por la decisión de su madre.

—Tengo dinero, ahorré por muchos años para algo especial y ahora que lo necesitaba, lo usé para algo muy especial, nuestro verdadero hogar.

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