Capítulo 213: No quiero generar más conflicto
Luego de hablar con sus hijas, Marina se fue a su habitación; necesitaba organizar una mudanza. No se iba a llevar muebles, solo se llevaría sus cosas, las cuales, tal como vio, no eran muchas.
Algunas las podía donar y las joyas que algún día Esteban le había dado, ya había pensado en un mejor uso. Así como vio que pudo vender el carísimo reloj que le regaló a su exmarido, se podía deshacer de estas y conseguir algo de dinero.
Comenzaba a guardar su ropa cuando su móvil sonó, revisó quién llamaba y se percató de que se trataba de Efraín.
—Hola...
—¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?
—Bien, ¿y tú?
—Bien, corazón, voy saliendo de una larga junta.
¿Cómo están tus hijas?
—Hmm... Una como fiera y la otra totalmente callada.
—¿Quieres que te dé un consejo?
—¿Cuál?
—Llévalas a terapia, no es normal que ambas tengan ese tipo de reacciones, más por la gemela malvada.
—No hay ninguna gemela malvada. —dijo Marina seriamente.
—¿Estás completamente segura? Tu hija tiene nueve años y ya tiene la malicia de un adulto; si tú no lo quieres ver o no lo ves a tiempo, eso se convertirá en un grave problema.
—Ya estoy tomando cartas en el asunto.
—¿Qué piensas hacer?
—Por lo pronto, voy a comenzar con la mudanza.
—¿Cómo? ¿Te pensabas mudar sin avisarme?
—¿Tenía que avisarte?
—Al menos para enviar ayuda.
—Hmm... tomé la decisión hoy mientras tomaba un baño. Esta casa tiene muy mala vibra; ya no quiero que mis hijas sigan aquí.
—Bueno, en eso tienes razón, pero eso solo es un paso. Si gustas, te puedo recomendar a un buen terapeuta pediátrico.
—¿Cómo?
—Cuando era niño y mis padres se separaron, doña Lucrecia me envió a terapia para poder asimilar todo de una manera más "orgánicа".
—¿funciono?
—Hmm... No estoy muy seguro, pero al menos no quería golpear a alguien y mira que, para ser un niño problema, bien pude ser mucho peor.
—Hmm... No quisiera que mis hijas crean que pienso que están locas...
—No es por locura, es para evitar que crezcan con un trauma. Mira, ayer en los pocos minutos que las observé, Diana es muy, pero muy callada; supe que golpeó a tu hija Renata, que, por cierto, es un hígado y se burla de las desgracias de tu otra hija; a eso yo no le llamo ser normal.
—¿De verdad, crees que un psicólogo les puede ayudar?
—Al menos les enseñará a canalizar su ira, les enseñará a canalizar mejor sus emociones. No eches en saco roto lo que te digo, piénsalo.
—Está bien, ¡gracias por el consejo!
—De nada, cariño. Ayer ya no pude hablar contigo; no quise levantar alguna sospecha, claro, a menos que tú quieras que hagamos público lo nuestro.
—¡NO! ¡Perdón! ¡Perdón! Pero no, no creo que sea conveniente por el momento.
—Sí, eso pensé y supongo que vas a tener a las niñas este fin de semana, ¿verdad?
—Sí, creo que por el momento voy a restringir la convivencia con Esteban y las voy a alentar a que convivan o, al menos, veré su comportamiento estando juntas.
—Está bien, solo considera lo del terapeuta, ¿ok?
—No necesito preguntarte, sé que me ayudarás, ¿verdad?
—Honestamente, tenía planeado estar en casa; esta semana ha sido demasiado para mí.
—Sí, supongo que convivir con Lina no ha de ser muy fácil.
—¿Qué? ¿Cómo? —preguntó Patrik sorprendido.
—¡Dios! ¿Cuánto tiempo pensabas ocultarme que Lina vive contigo? Aquí la gran pregunta es: ¿por qué?
—Es una larga historia.
—Tengo tiempo, quisiera escucharla.
—Es un tema personal.
—Lina es mi amiga y es la hermana menor de Marina, así que me concierne tu tema personal. —
dijo Efraín con seriedad.
—Bien, bien, te diré, pero no quiero que me reproches nada. Al final, tú fuiste quien me metió en todo este embrollo.
—¿Yo fui quien te dijo que metieras a tu cama a mi amiga?
—No es lo que tú crees; antes que nada, aclaro eso.
—¿Cómo? Patrik, conozco tu apartamento, yo fui quien lo compró y sé perfecto que ese lugar solo está hecho para una persona. ¿Me vas a decir que Ilevas una semana durmiendo en el sofá de tu sala?
—Bien, ok, no, pero las cosas no son como parecen.
—Pareciera que fueses mi novio; seré un mujeriego, pero aun no ando con hombres.
—Gracioso... Tú mismo lo dijiste, ella es tu amiga, yo tu amigo y, créeme, no ha sucedido nada que deba preocuparte; sabes bien que yo no mezclo negocios con placer, es solo que cometí un error y ahora pago amargamente por ello. —dijo Patrik con seriedad.
Tras aquella declaración, Efraín quedó más confundido que al inicio. Patrik, al ver su confusión, decidió confesarse y decirle lo que había hecho; sabía que su amigo se molestaría, pero no podía dejar que creyera que se estaba aprovechando de aquella jovencita.

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