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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 214

Capítulo 214: Esa no es tu casa

Renata y Diana se habían quedado en la cocina; la primera revisó que nadie la viera, se acercó al oído de Diana y dijo:

—¿Ya viste todo lo que causaste? Papá va a saber esto y te juro que le va a ir muy mal a mamá; todo será tu culpa.

Tan pronto como vio que Ofelia se acercaba, se alejó de Diana. Esta se quedó callada; ella no quería causar problemas a su mamá, jamás imaginó que lo que había hecho pudiera provocar tantas cosas malas a su mamá.

Diana no pudo más, se levantó de la mesa y se fue a su habitación. Ofelia se había percatado de todo; era una mujer vieja y sabia, así que tan pronto como Diana salió de la cocina, dijo:

—Dame ese móvil, tu mamá dijo que se lo entregaras.

—¡Es mío! Si lo quiere, que venga y me lo quite.

—Renatita, no estoy jugando, te vi, sé lo que haces con tu hermana y no es bueno, no entiendo por qué guardas tanto rencor hacia ella. Solo te voy aa decir una cosa: ella es tu hermana y ante cualquier cosa siempre estará contigo. Nadie es más valioso que tu madre, padre y hermana, créeme, en las buenas y en las malas, ella va a estar contigo; no tiene por qué tratarlas así.

—Ofe, ella es quien se roba toda la atención de mamá, ¿Por qué todo el mundo cree que es muy inocente? Dime, ¿Por qué?

—Ella no se roba la atención de nadie; tú eres quien ha decidido que siempre ve el lado negativo. Dianita te quiere y mucho, solo que ya sé cuál es la bronca aquí; a ti te gusta el mismo niño que a ella, ¿verdad?

¿Crees que ella te lo puede quitar?

Mi cielo, son unas niñas, no deberían andar peleando por un niño; aún no están en la edad para andar pensando en niños. Deberían dedicarse a la escuela, a sus tareas, a sus juguetes; incluso deberían preocuparse por su mamá. ¿Ya no recuerdan que hace poco tuvo un accidente donde casi muere?

—Ofe, ella no iba a morir, ¿Cómo crees que eso iba a suceder?

—¡Claro que iba a morir! Solo que los adultos siempre decimos que todo está bien para que ellos, ellos los niños, no se preocupen, pero tú y Diana, lejos de hacerle la vida más fácil a su madre, solo le dan más preocupaciones.

Marina, por su lado, ya había comenzado a aguardar varias cosas cuando, de pronto, su móvil comenzó a sonar. Al ver que se trataba de Esteban, hizo caso omiso, pero tal como había sucedido con Renata hacia su padre, esta, al ver la insistencia de la menor, decidió tomar la llamada.

—¿Qué sucede esteban?

—Me puedes decir qué significa que vas a vender la casa?

Marina se maldijo por dentro; ella hubiera preferido que Esteban le reclamara cuando ya estuviera fuera de casa. Prefería estar fuera de su dominio antes de tener otra pelea, pero se le pasó el hecho de que su hija Renata seguro le contaría todo al estar en contra de la mudanza.

—Esteban, pues eso es lo que significa, me voy a mudar, voy a vender mi casa porque ya compré otra.

—Esa no es tu casa, es de mis hijas y tienes totalmente prohibido venderla; si lo haces, te puedo acusar de robo. Creo que no quieres tener problemas conmigo, ¿verdad? Tienes problemas más importantes que cubrir que pelear por una casa, ¿o me vas a decir que así piensas arreglar el desastre con tus hijas? 

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