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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 215

Capítulo 215: Hoy mismo dormirás en tu nueva casa

Marina se quedó completamente sorprendida ante las palabras que lanzaba Esteban; no obstante, sabía que no podía dejar que las cosas sucedieran así, por lo que sin dudar dijo:

—¿Mis hijas? ¡Claro! Tal como todo nuestro matrimonio, Esteban. Cuando los problemas se presentaban, cuando las cosas se complicaban, siempre se trataba de mis hijas; creo que eso nunca va a cambiar.

¿Sabes qué? ¡Sí! ¡Son mis hijas! Yo sabré cómo las voy a educar, así que sí, sí voy a vender esta casa. ¿O sabes una cosa? No, tú lo has dicho: esta nunca fue mi casa, nunca lo sentí como mi hogar.

Creo quea estas alturas, ambos sabemos para quién era, ambos sabemos que todo esto era un puto engaño; tú lo sabes, yo lo sé y Lorena claro que lo sabe, así que ¿para qué me engaño.

No necesito hacerme la tonta; esta no es mi casa y por lo mismo, me voy de aquí; la custodia es mía.

Por si no lo recuerdas, o ya se te olvidó: tú nunca luchaste por nuestras hijas.

En su debido momento, te pareció más conveniente que yo cuidara de ellas, ¿y te digo por qué? Porque estabas en tu luna de miel, ¿no es así? Estabas disfrutando de lo nuevo, del momento, de la novedad, mientras que tus hijas y yo solo éramos el constante recordatorio de una vida que no debiste vivir. —dijo Marina sintiendo cómo se le formaba un nudo en la garganta.

—Marina, no quieras meter nuestros asuntos con los de las niñas...

—¿Nuestros asuntos, dices? Yo no tengo asuntos contigo. Afortunadamente, te firmé el maldito divorcio y ahora no tenemos nada más en común que nuestras hijas, las cuales, por como veo, no sabes ni cómo criar.

Hoy me queda claro que, si debo agradecer a alguien que Renata sea tan malcriada y caprichosa, esa debías ser tú, así que mira, si quieres seguir viendo a tus hijas, mejor será que jamás en tu vida se te vuelva a ocurrir amenazarme.

Otra cosa, quédate con la maldita casa de ensueño de tu mujer; seguro se la darás y ella la disfrutará como si fuese un trofeo; yo no tengo problema con eso.

Quiero que te quede clara una cosa: no necesito de ti. Ya te dije, agradezco que les pases manutención a nuestras hijas, pero no debería agradecerte, pues es tu deber, así que no te sientas tan grande por hacerlo.

Ahora, te voy a decir una cosa, Esteban Montemayor: jamás en tu puta vida se te ocurra volver a ponerle un dedo encima a alguna de mis hijas porque esta solo fue porque entiendo que estabas preocupado. Una segunda vez no te la voy a permitir; si lo haces, créeme, no quiero llevarte a la corte por violencia doméstica. Ya bastante tengo con tu madre y tu padre como para que ahora vengas tú a aplicar lo que veías en casa.

—¿De qué carajos hablas? —dijo Esteban algo confundido.

—jAy, Esteban! Mira, no tengo ni ganas ni tiempo para seguir discutiendo contigo; ya dije lo que tenía que decir, tú me llamaste, ya escuchaste mi réplica, ahora te dejo.

—¡Marina! ¡Marina, no cuelgues! ¡Te lo advi...!

En ese momento, Esteban solo pudo escuchar el silencio incómodo de la llamada terminada.

—¡Maldita seas, Marina! —¿En qué puto momento te has vuelto tan testaruda? —dijo Esteban levantándose de su asiento para tomar su saco y salir de la oficina.

Al salir de esta, se topó de frente con Patrik y Efraín, quienes lo miraron algo desconcertados.

—¿Nuevamente vas a salir de la oficina? —

preguntó Efraín en un tono serio.

—Es un tema personal... Mis hijas tienen problemas...

—¿Nuevamente? —preguntó irónicamente Efraín.

¿Acaso no es eso lo que tanto quieres? —preguntó Efraín con calma.

Marina sorbió sus mocos y limpió sus lágrimas.

—Sí, pero odio sentirme así, odio que Esteban siempre encuentre el modo de hacerme sentir como una inútil, odio que siempre se sienta con derecho de atarme a él. Ya no somos nada, él nunca me quiso, ¿por qué demonios no me deja en paz?

—Cariño, si tú sigues permitiendo que venga y te afecte, esto continuará pasando; solo te pido que confíes en mí, las cosas mejorarán. Ya tomaste la decisión de irte de esa casa y eso harás; es más, ahora mismo toma a tus hijas que voy a mandar a mi chofer por ti; las cosas luego las sacas de ese lugar, no te preocupes.

—¿De verdad piensas hacer eso?

—Claro que sí, hoy mismo dormirás en tu nueva casa, en tu verdadero hogar...

—¿Cómo vas a hacer eso? —preguntó Marina, intrigada.

—Tú déjamelo a mí, ¿ok?

—Efraín...

—Tranquila, yo creo que en unos 20 minutos uno de mis escotas puede pasar por ustedes, solo toma lo más importante y espera a que lleguen por ti.

—Está bien... —dijo Marina, sabiendo que esto no estaba en sus planes y que no sabía si saldría bien.

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