Capítulo 217: Verde fresno
Marina sabía que se le avecinaba una pelea monumental, pero era consciente de que, si quería arreglar la situación de sus hijas, esto era parte de aquel largo camino, por lo que, sin dudarlo más, llamó al abogado que llevó el tema del divorcio.
—Licenciado Martínez...
—Señora Salas, ¡qué gusto! ¿Cómo se encuentra?
—Bien, bueno... No tan bien, necesito de su asesoría.
—Claro, si gusta, usted dígame la hora y el lugar.
—Bueno, he decidido cambiar de casa, pero tengo dos temas que me gustaría revisar con usted.
—Sí, usted páseme la dirección y voy a verla hoy por la tarde.
—¿Podríamos vernos lo antes posible?
—¿Qué sucede? ¿Tiene algún problema?
—Sí, de hecho, sí, y quiero adelantarme a cualquier cosa que mi exmarido quisiera hacerme.
—No se preocupe, reviso mi agenda y me libero para ir a verla lo antes posible, solo mándeme su nueva dirección.
—Sí, en un momento se la envío.
Tras terminar la llamada, la angustia que sentía Marina se fue pasando, pero no por mucho tiempo, pues comenzó a escuchar una pelea en el piso de arriba. Marina subió las escaleras en tiempo récord y se topó con las niñas jaloneándose una muñeca.
—¡Dios! ¡Diana! ¡Renata! ¿Qué pasa aquí? —dijo Marina con voz seria, haciendo que las niñas dejaran de pelear.
—¡Madre, Diana tiene mi muñеса!
—No es verdad, esta muñeca es mía y yo la traje...
—¡Claro que no! ¡Esta es mi muñeca!
—Renata, cariño, por eso te dije que trajeras tus cosas; ya son unas niñas grandes, ya no deberían pelear de esta manera por juguetes. —dijo Marina asombrada ante la mecha tan corta que tenían sus hijas.
—jYa ves! ¡Siempre haces lo mismo! ¡Siempre le das la razón a Diana! ¡Ella es tu consentida! —dijo Renata tratando de hacer sentir mal a Marina.
Marina, que estaba en cuclillas, se levantó y dijo:
—Renata... Fui muy clara mientras estábamos en casa: trae tus artículos más importantes, no hiciste caso, ¿Por qué debes tomar las cosas que no son tuyas? Pediré a Ofelia que te traiga algunas cosas, así que hazme una lista de lo que necesites; si algo te falta, tendrás que esperar a que la mudanza lo traiga.
—¿Mudanza? —dijo Renata, sorprendida.
—¿Cómo, mami? ¿Acaso nos vamos a mudar?—
dijo Diana con voz quebrada.
—Sí, hijas, esta será nuestra nueva casa. Así que escojan su habitación; de ahora en adelante viviremos aquí.

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