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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 219

Capítulo 219: Hoy debería ser un buen día

Marina no podía creerlo. Desde la última vez que ella había hablado con su madre, esta no había vuelto a dirigirle la palabra; se había pasado los días cuidando de su maravillosa hija favorita y, ahora, solo la llamaba porque Esteban creyó correcto llamarla y decirle una sarta de cosas que no eran verdad.

Aquello le provocó náuseas. ¿Cómo su madre podía ponerse del lado del hombre que hacía tan solo unos meses había puesto su vida patas arriba?

—¡Madre! Si no sabes cómo están las cosas, preferiría que te abstuvieras de lanzar este tipo de recomendaciones. Desde la última vez que te vi, no has llamado, no has mensajeado, no has hecho nada en mi vida.

Te recuerdo que, no hace mucho, salí del hospital y lo único que te preocupó en ese momento fue que Paulina no se sintiera mal; ahora no vengas a fingir que te preocupa mi vida.

Tú no sabes nada de mí, no vengas con esta falsa preocupación, ni te metas, de verdad; así como no me has buscado en todo este tiempo, no lo vengas a hacer ahora. —dijo Marian sintiendo un dolor que no le resultaba tan extraño.

—¡Marina! No cabe duda, Esteban tiene mucha razón, te has vuelto una inconsciente. Hija, deja de ser tan inmadura.

Esteban es consciente de que lo que hizo no está bien, pero, por el bien de sus hijas, él ha decidido darse una nueva oportunidad contigo. ¿Por qué no puedes pensar en el bien de tus hijas? —dijo la mujer tratando de sonar razonable.

Marina, yo te lo dije muchas veces, yo hablé contigo muchas veces: el matrimonio no es un juego; una vez que te casas, ya no hay vuelta de hoja, no hay que si funcionó o no, aquí dulce o amargo nos lo tomamos, así de simple.

—Madre, ¿eso es lo que tú has hecho en toda tu vida con papá? ¿O por qué me lo dices?

—No estamos hablando de mí, nosotros nunca les dimos estos espectáculos...

—Madre, no es un espectáculo como dices, yo no fallé; aquí el que falló fue él y me quedó muy claro por qué lo hizo, que no venga a endulzarles el oído.

Dime una cosa, ¿qué les prometió Esteban? ¿Le va a

inyectar más dinero al negocio de papá? ¿Eso es lo que están tan interesados en que vuelva con él?

Te digo una cosa que no te he dicho antes: ya firmé el divorcio y no pienso volver con un hombre que casi me mata cuando recién salí del hospital. Por si acaso, Esteban te habló, te dijo lo bueno, pero, seguramente, no te ha dicho lo malo, ¿verdad?

Él no te ha dicho que el mismo día que me dieron de alta casi me mata cuando llegó de noche y me tomó del cuello. ¿Quieres que te diga por qué?

Porque, según él, yo filtré a los medios que él me había dejado sola en el hospital mientras se iba muy feliz en su yate a Los Cabos. ¿Te lo dijo? Seguro que no, ¿verdad, madre? —dijo Marina tratando de que su madre viera la gravedad del asunto.

—Marina, ¿cómo puedes inventar eso? Tu marido no sería capaz de hacer esa tontería; además, explícame eso de que ya firmaste el divorcio.

—Sí, madre, ya lo firmé y no pienso retractarme, porque legalmente, él también lo firmó y ahora somos dos personas completamente libres. Él se puede casar con Lorena Huesca, la mujer con la que se debió casar desde el principio.

—¿Cómo demonios hiciste esa estupidez? ¡Marina!

¿Acaso eres idiota o qué? ¿Cómo es que te divorciaste sin consultarlo conmigo o con tu padre?

—Madre, tú lo dijiste, soy una mujer, lo acabas de decir, soy una mujer, ya soy una adulta y no tengo por qué consultar nada contigo o con mi padre, menos cuando desde niña nunca he sido tomada en cuenta para nada.

—Marina, deja ya ese tema por la paz; tu hermana Paulina dice que toda tu vida llevas diciendo eso y ya veo que es verdad. No puedo creer que hasta para tus propios problemas siempre quieras arrastrarnos a todos como culpables.

Hija, te recuerdo que quien estaba muy ilusionada con casarse fuiste tú.

Todo el tiempo he tratado de ser alguien del que se sientan orgullosos y ahora, ahora que los he necesitado, simplemente no, ellos no pueden estar; mi madre prefirió pasar los días con Paulina lejos de venir a ver cómo estaba.

Sé que los corrí, pero para mi madre no le fue muy difícil aceptar mi decisión, ¿por qué, Ofelia? ¿Por qué hace eso mi madre? ¿Acaso no soy su hija?

¿Acaso no puede verme como su hija? ¿Qué demonios hice mal? ¿Qué?

Yo no sé qué hice mal para que ella no pueda verme como una hija más; yo no sé qué debo hacer, de verdad... ——dijo Marina mientras lloraba amargamente.

Marina por mucho tiempo había tratado de analizar por qué su madre ponía más atención en su hermana, pero por más que le buscaba una razón lógica, no la encontraba.

Al principio, ella creía que sus padres le ponían más atención porque Paulina era la mayor y tenía necesidades; la ropa, los zapatos, los juguetes y cosas de esas era normal que se los heredara, pues ella era quien seguía sus pasos.

En el caso de Lina, sucedía diferente; ella sí tenía juguetes, ropa, atención, Marina no le reclamaba, ¿Cómo podía?

Lina siempre había sido buena con ella desde niña; muy a diferencia de Paulina, Lina compartía sus juguetes e incluso ella misma le dejaba abrir algunos que le regalaban para que se convirtieran en juguetes nuevos de ella.

—¡Ay, Ofe! Hoy debería ser un buen día, hoy debería sentirme triunfante, pero no, no es así, mírame, sigo tratando de enfrentar una batalla en la que me siento más sola que nunca.

—Señora, usted no está sola, usted me tiene a mí, tiene a sus hijas y... tiene a ese encantador hombre con el que ha estado saliendo. Dígame, ¿cómo ha sobrevivido tantos años sin su familia? Sé que lo normal sería decir que ellos son su familia, pero, en ocasiones, es mucho más fácil saber cuándo decir adiós a la familia, ¿no lo cree?

Marina trataba de calmarse, trataba de escuchar a Ofelia, pero las palabras hirientes de su madre seguían rondando su mente y eso, eso no podía borrarse tan fácilmente. 

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