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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 220

Capítulo 220: Mala mamá

Renata, que iba decidida a ir a molestar un rato a su madre, le tocó escuchar todo lo que Marina acababa de decir; esta fue la vez que vio cómo su madre se derrumbó. Aquella chiquilla no pudo evitar sentir como algo en su interior dolió, pues por primera vez había escuchado cómo su madre vivía con sus padres.

Ella jamás imaginó que su mamá viviera cosas así con su abuela. Para ella, su abuela era una buena mujer, siempre las consentía, siempre las trataba bien, les compraba regalos, dulces, y cuando iban a visitar a los abuelos, Eugenia las recibía con los brazos abiertos.

¿Cómo era posible que su propia abuela no tratara bien a su mamá?

Por obvias razones, al menos ese día, se le fueron las ganas de revolverle el mundo a su madre.

Aquella niña se quedó parada a una distancia cercana pero no visible; una lágrima recorrió su mejilla. Rápidamente, mordió su labio para evitar hacer ruido y que Marina se diera cuenta de que ahí estaba.

Renata no quiso quedarse más ahí, así que se dio la vuelta y regresó a su habitación, se recostó en la cama y se pusoa pensar en todas las cosas que le hacía a su madre.

Mientras estaba recostada, le dio tiempo para reflexionar; su madre libraba varias batallas sola y ella solo se la pasaba llevándola al límite una y otra vez.

Renata no supo por qué, pero se vio llorando sola en aquella habitación hasta quedarse dormida.

La menor no lo decía, pero extrañaba esos días cuando eran unas niñas pequeñas; en aquella época, su madre les contaba cuentos, sonreía y jugueteaba con ellas y sus muñecas.

Todo había cambiado cuando ellas habían entrado al preescolar: las tareas, las diversas actividades en la escuela y los amigos. Todo había cambiado el ritmo de vida que llevaban con anterioridad.

Ella jamás lo había expresado, pero, si le dolió, el día que ella conoció a Lorena Huesca le había dolido. La diferencia entre ella y su madre era abismal; mientras Lorena Huesca era la perfección andante, Marina todo el tiempo estaba cansada, desarreglada y distraída, siempre corriendo, siempre con múltiples tareas que en ocasiones no le permitían dedicarles tiempo.

El día que Esteban Montemayor le presentó a Lorena, él le dijo que se trataba de una vieja amiga, pero Renata no era tonta, pues el hecho de que este le hubiera hecho prometer que no dijera nada ya le daba mala espina. ¿Por qué su padre no querría que su mamá se enterara de la existencia de esa amiga?

Luego, con el paso de los días, las semanas e incluso los meses, se fue acostumbrando a la constante presencia de ella cuando ambos salían a dar un "paseo de padre e hija". Un día Esteban y Lorena le contaron una hermosa historia en donde él y ella le contaron cómo fue que desde jóvenes se habían enamorado, pero por razones que no le pudieron explicar bien, habían terminado separados.

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