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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 221

Capítulo 221: No esperaba visitas

Luego de llorar por largo rato, Marina se limpió las lágrimas y dijo:

—Anda, Ofelia, ve a casa, no quisiera que Esteban sospeche que estás conmigo.

—De que sospecha, sospecha, pero cuide muy bien la ruta que tome para venir. Señora, cuídese mucho y ya no esté triste, hizo lo correcto, usted no es la mala en la historia. Ya dio el primer paso de muchos que debe dar; ahora no se me vaya a echar para atrás.

—¡Gracias, Ofelia! ¡Gracias por estar conmigo!

Créeme, no sé qué haría si tú no estuvieras conmigo.

—Seguro que sacaría fuerza de donde siempre las saca. Señora, llevo años conociéndola y, muy a pesar de que es una mujer muy joven, siempre ha sabido qué hacer. ¿Acaso no recuerda cómo era cuando nacieron sus niñas?

Su inconsciente marido no perdonaba y usted debía hacer malabares para atender a las niñas y a él.

Lamento lo que voy a decir, pero desde ahí se notaba claramente que el señor no sería una buena pareja, pero usted estaba tan enamorada que lo veía como algo normal.

Señora, es fuerte y va a poder con esto y más, así que ánimo, ya no está en esa casa, ahora esto es suyo, debe seguir con esta idea; no es fácil, nunca es fácil, pero las cosas buenas siempre cuestan un poco más. ¿No lo cree? —dijo Ofelia dándole ánimos a su jefa.

—¡Gracias, Ofelia! Anda, ve a casa; cualquier cosa, estamos en contacto.

—Sí, señora, no se preocupe, voy a tratar de empacar cuidadosamente lo que es de las niñas y lo que usted no pudo guardar.

Marina, por su lado, luego de componerse un poco, ver que sus ojos ya no mostraban signos de haber llorado, subió escaleras arriba a ver a sus niñas, quienes extrañamente no hacían algún ruido.

Ella suponía que debían estar hambrientas, pues las había dejado en la casa y, con todo lo ocurrido, el tiempo se había pasado volando y ya era de tarde.

Pensó en pedir comida a domicilio; nunca lo había hecho, pero no creía que fuese la gran cosa.

Estaba por ir a ver a sus niñas cuando el timbre de la casa sonó, lo cual provocó una punzada en la panza, pues no sabía quién podía ser; hasta ese momento nadie sabía que ya se había mudado. Era lógico que no esperara visitas tan rápido.

Con temor bajó las escaleras; por su mente cruzaban varias malas ideas. Esta era la primera vez en toda su vida que ella era responsable ciento por ciento de la seguridad de sus hijas.

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