Capítulo 227: Un anillo de compromise.
Patrik no dijo nada más, solo probó el delicioso café que Lina le había preparado; esta era la primera vez en toda su vida que alguien hacía algo como eso.
Aun estando casado, la vida no se había sentido así; en esa época era joven, alocado y en ese tiempo el sexo era lo más importante. Ahora, si bien ambos convivían en ese lugar, no había nada entre ellos, y de cierto modo comenzaba a no disgustarle.
—¿Qué son? —preguntó Patrik, obviando lo que tenía frente a él.
—Son crepas con cajeta, es lo único que encontré; se ve que te gusta, ¿verdad? —dijo Lina poniendo una cara curiosa.
—¿Por qué lo dices?
—De todas las cosas en tu despensa, lo único dulce fue esa cajeta.
—Hmm...
—jAnda, come! Yo debo ir a arreglarme; supongo que, por el tiempo, ya no irás al gimnasio. Prometo no demorarme, no quiero que se te vaya a hacer tarde.
Tras aquellas palabras, Lina tomó lo que restaba de su café, tomó una crepa y se la fue comiendo escaleras arriba. Patrik se quedó mirándola; no entendía muchas cosas de ella, pero debía aceptar que era una joven bastante "interesante", por llamarlo de algún modo.
Lina, por su parte, rápidamente subió las escaleras, entró al tocador y se metió debajo de la regadera; su cabeza estaba llena de una sola preocupación: la maldita boda de Alessandro Velez con su amada prometida. Aquello le sonaba raro, pero su jefa había sido muy enfática en ese mensaje; la familia Stephanoni quería a alguien cubriendo la nota.
Aquella joven mujer tomó un baño, salió de este y se dirigió al vestidor. Ya para esos días, si había hecho uso del espacio que Patrik le había dado, tomó lo primero que encontró y se dispuso a colocárselo.
Al salir del vestidor, escuchó muy bien cómo la regadera estaba abierta; supuso que Patrik estaba ahí. Ella solo se peinó y salió de la habitación; ya en la sala guardó algunas de sus cosas y se fue a la cocina a recoger las cosas del desayuno.
Al llegar ahí, se percató de que todo estaba limpiamente ordenado. Aquello le sacó una sonrisa.
¿Cómo pudo haber pensado que este hombre dejaría los platos si era la perfección andante?
Cuando miró la hora, se percató de que debía salir de ahí en ese mismo instante o llegaría tarde al trabajo. Rápidamente, tomó su bolso, su abrigo y se disponía a salir del apartamento cuando la voz de Patrik la hizo detenerse.
—¿Ya te vas?
—Sí, debo salir ahora; si no, llegaré tarde. ¡Nos vemos en la noche!
Patrik iba elegantemente enfundado en un traje que se ajustaba muy bien a su cuerpo y que permitía que sus fríos ojos azules resaltaran más de lo normal.
Lina solo vio cómo de su cartera sacó una tarjeta y se la dio.
—Ten, compra aquel buen vestido que necesitas; supongo que también vas a necesitar unas zapatillas, ¿verdad?
Lina se quedó sorprendida; no extendió la mano para tomar la tarjeta.
—Adelina, no me gusta repetir las cosas que digo.
—dijo Patrik tomando su mano y depositando la tarjeta en esta.
—Pe... Pero, ¿Por qué haces esto? No, no puedo aceptar tu tarjeta.
—¿Por qué no?
—No, no... Mira, en otra ocasión, en otras circunstancias, tal vez me alegraría de sostener una tarjeta de este color y con letras grabadas, pero, en mi caso y más ahora, no me puedo sentir muy cómoda con esto.
—¿Por qué no?
—Patrik, agradezco tu gesto, pero ya bastante en deuda me siento con el hecho de que me tengas viviendo en tu casa y sobre todo, que me hayas rescatado costándote varios millones en gastos como para que ahora me des algo así.
—Solo es un vestido y unos zapatos, tampoco es como que me vayas a costar un Bentley, ¿o sí?
Lina sonrió apenada; sabía bien a qué se refería, pero, siendo honesta, este hombre no debería tomarse tantas atenciones con ella. Al final, ambos eran dos completos desconocidos que compartían la cama.

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