Capítulo 228: ¿Qué tan mal podría salir?
Lina, por su lado, llegó a su oficina; ahí dentro se topó con su jefa. Aquello le resultó un tanto extraño; aquella mujer era alguien respetuosa del espacio de sus trabajadores, y su presencia ahí antes de que ella llegara le causó cierta intriga.
—Raquel... ¡Qué sorpresa!
La mujer se mostró seria pero profesional.
—Adelina, ¿cuánto tiempo llevas trabajando para nosotros?
—Ya varios años...
—¿Cuánto?
—Tres... Desde que me gradué de la universidad.
—Eso no es mucho tiempo, creí que eran más años.
Perdona, querida, bien, ¿qué pensaste sobre cubrir la nota el sábado?
—Como te dije, tenía planes, esto me cambia todo...
—Bien, sabes que la familia Stephanoni es un importante cliente en la compañía; ellos nos invitan a sus eventos y nosotros asistimos. Dime si de verdad no puedes; debo conseguir alguien más comprometido con este tipo de temas.
—Raquel, ¿qué es lo que me estás queriendo decir?
—Adelina, si no quieres participar en este evento, me dejas claro que no estás comprometida con tu trabajo y eso no es algo que toleremos en esta compañía.
—Raquel, este tipo de eventos yo no los cubro; para eso tienes a tus chicas de sociales; mi área es más de mercadotecnia, comerciales y cosas así. ¿Por qué quieres que yo sea quien cubra la nota?
—Mira, Adelina, seamos honestas, un evento de aquella talla requiere un rostro que encaje con ese tipo de gente y, si te soy honesta, ninguna de las chicas disponibles lo posee; todas se ven sucias, escuálidas y no encajan, pero tú, tú, mi querida Adelina, tú perfectamente encajarás.
—De todas maneras, no tengo muchas opciones, ¿o sí?
Al llegar al apartamento de Patrik, se quitó la ropa, se dio un baño y se puso ropa más cómoda. Lina no podía negar que, con el paso de algunos días, aquel lugar extraño que le daba cierto temor se estaba convirtiendo en algo cómodo.
Patrik era un hombre muy metódico y ordenado; su casa tenía cierto silencio que se disfrutaba, el aroma de su perfume estaba impregnado por toda la propiedad y aquello le daba cierta sensación de tranquilidad.
Adeline seguía preocupada; el asistir a esa boda sabía que no era buena idea, pero estaba claro que si no lo hacía, su jefa podía tomarlo como un pretexto para despedirla. Raquel nunca se había comportado de esa manera, pero esta vez, se notaba seria y un tanto preocupada.
Tras meditarlo por largo rato, decidió que eso no debía afectarle, que ella iría a esa boda, cubriría el evento y saldría del lugar como si nada hubiese ocurrido; total, ¿qué tan mal podría salir?
Al caer la noche y luego de platicar con Marina, quien le dio los detalles de su día, en donde esta le contó que la cena de ayer había venido a relajar mucho el ambiente en casa, ella junto a sus niñas había ido a comprar algunos muebles. No tenía mucho dinero, así que fue a esa tienda donde uno mismo arma los muebles.
Lina no podía sentirse más feliz por su hermana, quien estaba haciendo todo lo posible por recuperar su vida e iba por buen camino.
En los pocos días que llevaba viviendo en casa de Patrik, ya se había percatado de que este, en ocasiones, llegaba tarde, así que no lo esperaba.
Tomó unas pastillas para dormir y se fue a la cama; hoy su cabeza le dolía y quería perderse en los brazos de Morfeo para recuperar energías.

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