Capítulo 229: ¿Tu de verdad quieres hacer esto?
Casi a medianoche, mientras Lina dormía plácidamente, un ruido en la sala la hizo despertar.
La joven se llevó un tremendo susto al asomarse por el barandal de cristal y ver que Patrik estaba boca abajo, casi cayéndose del sofá; rápidamente bajó las escaleras y fue a verlo.
—¿Patrik? ¿Estás bien?
Patrik no mostraba signos de despertar.
Adeline se inclinó y revisó que respirara.
—¿Patrik? ¿Estás bien? ¿Patrik? ¡Despierta! Me estás asustando... —dijo Lina sin saber bien qué hacer.
Ella no le conocía bien, no sabía qué podía estarle ocurriendo; lo movió, trató de girarlo, pero ese hombresote definitivamente sí que estaba hecho de puro y pesado músculo.
—¿Pa... ¿Patrik?
Fue ahí donde el hombre abrió los ojos y vio de manera borrosa la silueta de aquella mujer que no salía de su mente.
—Adelina?
—Sí, sí, soy yo... ¡Patrik! ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
—dijo Lina preocupada ante la situación.
—¡Eh! Sí, sí, todo está bien... —pronunció Patrik con dificultad.
El hombre arrastraba las palabras; aquello hizo que Lina se diera cuenta de que estaba totalmente ebrio, eso y el fuerte tufo alcohólico. Aquello la puso nerviosa; prácticamente estaban solo ellos dos en aquel apartamento. No sabía cómo se podría comportar este hombre en ese estado, no sabía qué hacer; bien podía encerrarse en la habitación, o bien podía ayudarlo a subir a la habitación para que se recostara.
Aunque la primera opción sonaba más atractiva, terminó haciendo lo que creyó correcto.
—¡Ay, Patrik! No sé por qué llegaste en este estado, pero necesito que levantes ese enorme cuerpo tuyo y me acompañes escaleras arriba. Anda, yo solo no puedo subirte, eres como cien kilos de masa muscular y yo con mi tamaño, es obvio que me vas a aplastar.
Patrik, por alguna razón, sonrió; algo había venido a su mente con las palabras de Lina. El hombre, como pudo, se incorporó, sintiendo cómo aquella mujercita rodeaba su cintura tratándole de ayudar.
Lina desconocía que él era un bebedor ya bastante añejo; él había olvídado que estaba compartiendo su casa con esa mujer. Cuando llegó a casa, sintió que no podría subir las escaleras, así que se derrumbó ahí.
Él normalmente no perdía el control en la bebida; hacía muchos años que solía beber como si el mundo se fuese a acabar ahí mismo, o peor, pero, luego de su divorcio, se había limpiado de sustancias y alcohol; este último no lo había erradicado por completo, pero sabía manejarlo bien; hoy no había sido uno de esos días.
—Anda, vamos, cariño, vamos escaleras arriba; allá, si quieres, te ayudo con la ropa y te metes debajo de la regadera, pero aquí abajo, yo no puedo ayudarte mucho; si te quedas aquí, seguro que amanecerás con dolor de todito tu cuerpo.
La manera en cómo le estaba hablando Lina a Patrik le sonó muy peculiar; a su antigua esposa solía desagradarle que él llegara alcoholizado o incluso drogado, pero parecía poco importarle, pues así como él llegaba de ese modo, esta tomaba sus tarjetas y gastaba en todo lo que podía en tiendas.
Cuando él se casó, era muy joven; al principio era todo miel sobre hojuelas, ambos se llevaban bastante bien, alcohol, sexo e incluso drogas, pero, conforme el matrimonio avanzó, era más que evidente que Madison solo se había casado por el estatus y el dinero que podía obtener de estar casada.
Lina, como pudo, lo subió, lo llevó al baño, le quitó cada prenda de aquel traje de diseñador carísimo y, una vez desnudo, lo metió a la regadera. Esta joven se repetía la misma frase que este hombre le había dicho el primer día: no iba a ver nada que no hubiese visto antes, bueno, al menos no en tamaño.
—¡Anda, cariño! Deja que el agua te quite el aturdimiento... Voy a buscarte una pijama, mientras te bañas... —dijo Lina dejándole parado debajo de la regadera.
Lina se disponía a salir de aquel reducido lugar cuando la mano de Patrik le sostuvo la muñeca.
—Espera... No me dejes aquí... —dijo Patrik, mirándole con algo de cansancio en los ojos.
—Vo... Voy por ropa; tú puedes quedarte aquí, te prometo no demorar.
Patrik la soltó y puso ambas manos en la pared para sostenerse mejor. Lina salió del baño y fue en búsqueda de ropa al vestidor; para cuando salió, el hombre iba de salida. Ella lo miró y se sonrojó; en definitiva, jamás se habría imaginado estar viviendo una situación como esta.
—¿Co... ¿Cómo estás? —dijo Lina con un poco de nervios.
—Bien, solo un poco mareado...
—El agua te va a ayudar a relajarte, mira... Ten, te traje tu pijama. ¿Puedes ponértela y meterte a la cama? Ya es muy tarde y, conociéndote, seguro querrás levantarte en un par de horas.


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