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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 23

Esteban salió a toda prisa de la mansión que un día había considerado que sería su hogar para toda la vida.

El hombre no quería regresar al apartamento con Lorena; no se sentía en condiciones para soportar alguna discusión o reclamo, menos para decirle que su padre acababa de destituirlo, por lo que condujo a toda velocidad al único lugar donde sabía que podía estar.

Condujo a toda prisa su deportivo por casi la mitad de la ciudad y luego, tan pronto llegó, entró y caminó hacia la habitación de la única persona que de verdad lo podía escuchar.

Al llegar ahí, simplemente dio dos toquecitos en la puerta.

—¿Puedo pasar?

—¿Esteban? ¿Qué haces aquí?

—¿Puedo pasar?

—¡Pasa! ¡Pasa!

—Me preguntaba si, ¿puedo quedarme aquí hoy?

—¡Claro! Sabes bien que esta sigue siendo tu casa, ¿qué sucede? ¿Estás bien? ¿Algo te ocurre? ¿Verdad? —expresó Florencia al ver el rostro conflictuado de su hijo.

—Madre… Solo quiero descansar…

—¿Qué ocurre, Esteban? Tú traes algo, ¿qué pasa?

—¡No sé qué me ocurrió, madre! ¡Estaba tan…! ¡Tan molesto! Las cosas que me dijo mi padre, lo que dijeron en las revistas, el cómo quedó Lorena, el cómo quedé yo, la verdad, madre… —admitió Esteban con un nudo en la garganta. –Lo que hizo Marina no tiene nombre, pero…

—¿Qué hiciste, Esteban? ¿Qué sucede contigo, hijo? ¿Esto tiene que ver con lo que se publicó hoy? ¿Verdad?

—Sí… Mi padre prácticamente me ha sustituido en la compañía.

Florencia se llevó las manos al rostro ante la impresión.

—¡Esteban! ¿Qué ocurrió?

—Marina lo logró, Marina provocó todo esto, ahora sé por qué dejó de hacer escándalo, ahora sé por qué de un momento a otro decidió firmar el acuerdo de divorcio, ahora sé que su accidente no fue un accidente, ella ha planeado todo esto, madre.

—¿De qué carajos hablas, Esteban? ¿Cómo que planeo todo esto? ¿A qué te refieres? Ella no sería capaz de planear esto. Aún no logro entenderte, Esteban, ¿qué cambió? ¿Por qué te comportas como si Marina fuese la peor mujer?

Hijo, ¿qué demonios cambio? He querido hablar contigo desde que decidiste dejar a la pobre Marina, pero no me has dado la oportunidad. ¿Por qué le haces esto? Dime una cosa, ¿todo esto es por Lorena Huesca? ¿Es que acaso ya no recuerdas lo que te hizo esa mujer?

¡Dios, hijo! ¡Ella te dejó a mes y medio de su boda! ¿Por qué le permitiste regresar contigo? Tú ya tenías una vida, una buena esposa, dos preciosas hijas, ¿qué más querías?

—Madre, te voy a preguntar una cosa, ¿acaso eres feliz con mi padre? ¿Acaso nunca has pensado en salir de este matrimonio de m****a que llevas? ¿Crees que sigo siendo un chiquillo que no se da cuenta de nada? Llevas toda la vida durmiendo en una habitación separada y, ahora, quieres darme consejos de matrimonio y vida feliz, cuando tú misma no eres feliz.

—¡Esteban! Lo que suceda entre tu padre y yo no es tu asunto. ¡Jamás te he metido en nuestros problemas! ¡Jamás te he envenenado el alma en contra de él! Y si no lo hago, es porque él es tu padre; lo que sucede entre él y yo es cosa nuestra, pero eso no te da derecho a tomarme como referencia de infelicidad.

¿Recuerdas que cuando decidiste ir al pueblo y casarte con Marina Salas, yo hablé seriamente contigo? Te pedí que no cometieras una locura; tú estabas más preocupado por el qué dirán, por si tu padre le daba el puesto de CEO a Ángel. No escuchaste razones; ahora no me vengas a decir que dejas a Marina porque no eras feliz.

Dime una cosa, Esteban, ¿acaso tus hijas no te hicieron feliz? ¿Acaso viviste un calvario con Marina? ¡Dios! La mujer te ama, te idolatra y se pone casi de alfombra solo por hacerte feliz, ¿crees que es justo lo que le has hecho? —expresó Florencia sintiéndose reflejada en la vida de Marina.

Esteban se estaba arrepintiendo de haber ido a casa de sus padres; él buscaba un poco de calma, pero su madre parecía no querer dársela.

—¡Madre! Solo busco un poco de paz, no busco que me vengas a recordarme lo “perfecta que es Marina”, ¿sabes? Mi padre acaba de destituirme; él va a traer a México a Efraín.

Mientras tanto, Marina, aun con dolor en el costado lastimado, hizo el mayor esfuerzo por hablar con su abogado; le expuso la situación vivida hacía una hora. Lo que vino a poner al abogado con los nervios de punta, pues no parecía dar su brazo a torcer.

—¡Señora Montemayor! ¡Lo que me pide es una absoluta locura! No podemos hacer lo que solicita, debemos notificar al juez, debemos acelerar todo; esto simplemente no puede hacerse del modo que usted pide.

—¡Sí! ¡Sí se puede! Hable con mi marido o el abogado de mi marido; si no quiere que lo que acaba de venir a hacerme se haga público, será mejor que mueva a todos sus contactos para que nos separemos mañana mismo.

¡No pienso seguir casada con un hombre que hoy casi me mata! ¡Ya no quiero tener ningún contacto con él! ¡No quiero hacer un escándalo porque es el padre de mis hijas! Pero si él no hace lo que le pido, créame, usted tendrá que interponer una orden de restricción y eso se convertirá en un escándalo. Ahora, explíqueselo a mi futuro exmarido. —espetó Marina en una mezcla de enojo y terror.

—¡Está bien, señora! Ahora mismo habló con el abogado de su marido, veré hasta dónde podemos llegar con este tema, pero le pido que se calme. Si usted quiere proceder legalmente, no veo por qué no lo debamos hacer, pero lo otro, créame, es una locura.

—Créame cuando le digo que mi marido es capaz de hacer que el mismísimo juez venga aquí por mi firma. Hable con ellos, mañana mismo debemos estar firmando el certificado de divorcio, ¿quedó claro?

—Sí, señora Montemayor…

—Solo una cosa más…

—¿Qué sucede?

—Ya no soy la señora Montemayor, soy Marina Salas Toledo, ya no soy la mujer de Esteban Montemayor. ¿Quedó claro?

—¡Entiendo!

Luego de terminar la llamada, Marina se derrumbó; toda esa fuerza y coraje que estaba mostrando se había esfumado. Ella no era así, ella siempre trataba de ver el lado bueno a las cosas, pero esta vez no había sido así.

Le había quedado claro que Esteban era capaz de cualquier cosa en su contra, así que no tenía caso seguir fingiendo que nada pasaba. Simplemente no tenía caso llevar una relación con cordialidad, por lo que quería borrarlo de su vida, aunque bien sabía que eso sería imposible.

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