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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 232

Capítulo 232: Más te vale que vayas.

Ella no sabía bien a qué se refería, pero era claro que se trataba de lo que ella estaba temiendo hacía un momento cuando despertó.

—Ssí... —dijo con algo de duda.

En la mente de Lina se decía que, en definitiva, este hombre sí que le costaba leer su mente, cosa que difícilmente le había ocurrido en el pasado.

—Adelina... —dijo acercándose a su rostro mientras seguía dentro de ella. —Tú serás mía y esto no es un juego, dime si lo entiendes.

Aquello dejaba claras las intenciones de aquel hombre; ella tragó saliva, sentía su boca seca, su cuerpo ardía, su centro ardía, su mente estaba en blanco.

¿Cómo podría decir que no a esto? ¿Cómo podría decir que no a algo que podría funcionar? ¿Cómo?

No tenía ni idea, pues él y ella eran como el agua y el aceite y, aun así, aquí estaban, disfrutando de lo que esa mezcla provocaba.

—Sí... Sí lo entiendo... —Apenas pudo pronunciar la joven, pues sus labios fueron atrapados por los labios de Patrik, quien la llevó a tocar el cielo luego de aquellas palabras.

Ambos se fundieron en aquel apasionado momento; no hacían falta palabras, sus cuerpos lo decían todo; las siluetas que se dibujaban en la oscuridad eran la prueba inequívoca de que ambos deseaban lo mismo.

Las múltiples alarmas de Patrik poco a poco se fueron apagando; ambos no necesitaban interrupciones, solo se necesitaban el uno al otro.

La atracción era mucha; tal vez no había sido a primera vista, pero sí a través de la convivencia.

Ella con su vida caótica y al azar, y él, con su vida perfectamente ordenada; cada paso, cada acción, todo estaba meticulosamente planeado. Ella venía a salir totalmente de esa vida agendada.

—No vayas al trabajo hoy... —dijo él mientras la miraba cómo se encontraba: sonrojada, cansada y sin aliento.

Ella había pensado lo mismo. ¿Cómo podría ir? Su cuerpo y todo su ser le pedían quedarse en casa; sus piernas no respondían, solo quería descansar, pero qué mejor que hacerlo en los fuertes brazos de este hombre.

—Es... Está bien... Pero, déjame descansar, necesito descansar...

—Se supone que, quien es la más joven aquí, eres tú... —dijo él con ironía.

—Bueno, ¿acaso no te cansas? ¿Acaso no necesitas recuperarte?

Patrik sonrió; el semblante cansado y las palabras de Adelina sí que le hicieron gracia. Se suponía que ella era quien prácticamente se había lanzado a sus brazos en el pasado y ahora pedía un descanso; eso sí que solo podía ser de ella.

Aquel hombre se levantó y dijo:

—Ven, vamos a tomar un baño...

—¿Qué? ¿Cómo?

—¡Anda! ¡Vamos a darnos un baño! —dijo él sonriendo de un modo que ella no supo cómo descifrar.

Esa sonrisa podía derretirla, pero, por otro lado, esa sonrisa solo podía describirla como maliciosa y sabía que lo que escondía no eran buenas intenciones.

Patrik no esperó mucho, la sacó de la cama y la llevó cargando hacia la regadera; ahí dentro, las cosas se pusieron algo interesantes.

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