Capítulo 233: Caja llena de sorpresas.
Al poco rato de que Patrik bajó a la cocina, la casa se inundó del delicioso aroma a café recién hecho. El estómago de Lina rugió y no pudo evitar querer bajar, así que, a pesar de tener toda la flojera del mundo, lo hizo. Cada escalón era un logro, pues sus piernas se sentían como si fuesen de gelatina.
Casi llegaba a la planta baja cuando el timbre sonó y Patrik fue a abrir; la comida había llegado. Ella, al ver la bolsa de pan, sonrió.
Aquella sonrisa le pareció algo interesante a Patrik; Lina sonreía por muchas cosas, pero verla hacerlo por comida era un dato algo curioso.
—Bien, aquí está tu enorme pedido de pan, ¿de verdad solo piensas comer eso? Pedí fruta y yogurt, un omelette por si gustas.
—¡Gracias! Pero no hay nada como un café con delicioso y engordador pan.
—Pues he visto tu cuerpo completamente desnudo y no veo que algo de eso te haga efecto.
Lina abrió los ojos y casi se atraganta con un trozo de pan al ver la ligereza con la que ese hombre hablaba.
—¡Anda! Come, no quiero que te me vayas a morir de inanición o de atragantamiento. ¿Qué clase de explicaciones le daría a la policía?
—¿Cómo?
—Sí, tan solo piénsalo, te desmayas, debo llamar a urgencias y le diría que tuvimos tanto sexo que ella se desmayó por falta de energía.
Lina solo sintió cómo sus mejillas y orejas se calentaron ante aquel descarado comentario.
Patrik, al ver su reacción, sonrió ligeramente, se acercó a ella, con gran facilidad, rodeó su cintura y la cargó para subirla a un banco.
—¡Anda! Desayuna... —dijo al tiempo que le robaba un beso y saboreaba sus labios sabor a chocolate.
Lina definitivamente estaba jodida; este hombre sí tenía cómo desarmarla y hacerla sentir presa de sus encantos.
—Patrik... —dijo Lina, tragando su trozo de pan, mientras veía cómo él servía café.
—¿sí?
—¿Qué es todo esto? —preguntó Lina tratando de averiguar lo que este hombre traía en la cabeza.
—¿Qué es qué?
——Esto... Lo que acaba de suceder, bueno, lo que ha sucedido toda la noche...
Lina sentía que sus mejillaş ardían, sus orejas y su panza le lanzaban ciertas punzadas; ella siempre se preparaba para lo peor en las relaciones amorosas y esta no era la excepción.
Patrik tomó un trago de su café, rodeó la barra de la cocina y se paró a un lado de ella.
—¿Acaso no fui claro hace un rato?
—¿Claro?
—Sí, te dije que esto no era un juego, yo no juego, yo no traigo a cualquiera a mi casa, yo no dejo entrar a cualquiera a mi vida. Si ha pasado algo entre tú y yo es porque quiero algo más; no quiero que solo sea un acostón de una noche, mañana o día, ¿me explico?
Lina se quedó con el chocolatín a medio morder; ella había entendido, pero una cosa era lo que se decía durante el sexo y otra lo que se decía después de él. Luego de eso, Lina puso el pan en el plato, lo miró y dijo:
—Bu... Bueno, es que es algo que no esperaba...
—Te pregunté hace rato si lo entendías, dijiste que sí.
—Bueno, es que durante el sexo se dicen muchas cosas.
—Yo no...
—No dije que tú en específico...Pero, en muchas ocasiones, suelen decir lo que uno quiere escuchar solo por el momento.
—Bueno, esa es la diferencia entre un hombre maduro y uno que no lo es, ¿no lo crees? —dijo, volteando el banco para que pudiera verla a los ojos.
—Yo... YO...
—Adelina Salas, yo me considero un hombre y no voy a negar que, así como tú, yo tengo mis cosas debajo de la alfombra, pero cuando tomo una decisión, lo hago consciente de mis actos, así que te doy una oportunidad más para que pienses mejor las cosas.
Esto no es un juego y quiero que intentemos algo juntos; no estoy a la espera de que funcione, debe funcionar, solo tengo algo que pedirte, claro, si aceptas.
—¿Qué es lo que quieres pedirme? Los millones que te debo, esos no tengo ni cómo pagarlos... —dijo Lina dejando salir lo primero que se le vino a la mente.
Patrik sonrió y dijo:

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