Capítulo 235: ¿Y quién te dijo a ti qué es lo que yo quiero?
Lina se quedó asombrada; aquello no se lo esperaba.
—¿Có... ¿Cómo?
—Sí, vamos a Nueva York, quiero llevarte a un lugar.
Lina tragó el sorbo que tenía en la boca. ¿Cómo era posible? Él ni siquiera le había pedido sus papeles.
¿Cómo podía ser que ya estuvieran volando hacia Nueva York?
—¿Co... ¿Cómo hiciste eso? Yo, yo no te di mis papeles.
Patrik sonrió y dijo:
—No necesitamos papeles, simplemente pedí un permiso y ya.
—¿Quién eres, Patrik?
—¿Cómo? —preguntó Patrik asombrado por la duda.
—Sí, digo...Vives en un exclusivo lugar en México, yo ni con todos mis ahorros podría pagar el alquiler de algo como eso, manejas autos de millones y se nota que no te duele el dinero, ¿quién eres? ¿No eres narco, verdad? —preguntó Lina algo preocupada.
—No, soy algo mucho peor.
Los ojos de Lina se abrieron de sobre manera. Por un momento se dijo a sí misma: ¿en qué rayos se había mentido?
—¿Qué... ¿Qué podría ser peor?
Patrik vio la cara de susto y espanto de Lina y dijo:
—Adelina, soy corredor de bolsa, entre algunas otras cosas.
—¿Eso es peor que ser un narco?
—Hmm... Depende de cómo lo quieras ver: ellos trafican sustancias, yo juego con el dinero de muchas personas; un mal movimiento y podría hacer perder millones a muchas personas, ¿crees que eso no es peor que traficar?
—Hmm... Ya no estoy muy segura. —dijo Lina con un poco de duda.
Patrik sonrió y dijo:
—Deja de sobrepensar las cosas, solo soy un simple corredor de bolsa, tengo algunos ahorros y me pagan muy bien por lo que hago; además, mi familia me dejó algo de dinero para sobrevivir.
—¿Algo de dinero dices? —preguntó ella con ironía.
—Solo lo necesario para no pasar penurias.
—¿Por qué elegiste ser corredor de bolsa?
—Desde niño he sido muy bueno con los números y me ha gustado el dinero, ¿por qué no querría serlo?
Eso, y mi padre me alentó a hacer algo con aquel don del dinero.
—Vaya, yo nunca he sabido bien para qué soy buena... Pero, si deseaba algo...
—Entonces, ¿por qué estudiaste mercadotecnia?
—¿Quieres que te diga la verdad?
—Sí, yo hablo en serio, te he dicho toda la verdad, espero lo mismo de tu parte.
—Bueno, ahí te va; seguro, una vez que lo escuches, pensarás que soy una burra. —dijo Lina sin pensar en sus palabras.
—No, no podría pensar en eso.
—Bueno, pues, mi madre siempre ha sido un tanto exigente; a mi hermana mayor la instó a estudiar para ser una directora de alguna compañía y no le va mal, pero yo, al verla, créeme, tal vez lo único que podría envidiarle sería la facilidad con la que gasta dinero.
—¿Por qué dices eso?
—Porque veo que no es feliz, solo eso diré de mi hermana mayor. Luego, está Marina; ella había elegido estudiar diseño de modas, quería dedicarse a la alta costura, quería ser diseñadora de vestidos de novia.
—¿Y qué sucedió? —preguntó Patrik, poniéndole mucha atención.
Lina no era como Madisson y, mucho menos, era como cualquier otra mujer con la que hubiera salido anteriormente. Tenía gustos simples y todo apuntaba a que la vida que llevaba le gustaba por las experiencias y detalles; lo vio desde el pan, la ropa y la poca convivencia que habían tenido. En definitiva, no se había equivocado; ella era perfecta.
—¿Patrik? —dijo Lina, notando que se había quedado callado ante su declaración.
—Seguro debes conocer personas más interesantes y con más ambición que yo, ¿verdad?
—¿Por qué dices eso?
—Porque es la verdad... —dijo Lina mirando el avión en el que iban. —Mírate, vives rodeado de todo esto, yo en mi vida había visto algo así, jamás me imaginé probar champaña, volar en un avión privado y, mucho menos, visitar Nueva York con tanta facilidad.
Lina expresó lo que sentía, pues de un momento a otro sintió que ella estaba fuera de lugar. Patrik, era lógico, él venía de familia adinerada; él no necesitaba preocuparse por trabajar o no, ella sí. Un cúmulo de inseguridades la fue invadiendo; lejos de sentirse cómoda, la verdad era que no, ella sentía que no encajaba ahí.
—¿Y quién te dijo a ti qué es lo que yo quiero?
—¿Cómo?
—Adelina, te he estado observando con atención.
¡Dios! No debería decir esto, pero disfruto de tu compañía, me resulta refrescante, tienes una personalidad arrolladora; solo fue cuestión de verte compartir con tu hermana y sobrinas.
Tú llegas a un lugar y relajas el ambiente; no niego que sí, eres escandalosa, hablas hasta por los codos y dices lo que piensas; de repente suele ser incómodo, pero no por ello se vuelve malo, ¿no lo crees?
Lina sintió una extraña sensación invadirla. ¿Cómo es que este hombre podía decir aquellas palabras tan profundas? ¿Dónde había estado en todo este tiempo? ¿Por qué la vida no se lo había puesto antes en su camino?
¿Acaso este hombre podría tener algún defecto? Era atractivo y toda su presencia se lo gritaba; era maduro, cosa que hoy día casi no se ve, era respetuoso hasta decir basta; aún no podía decir que fuese detallista, pero, por lo poco que había visto, todo apuntaba a que sí.
Eso de ser millonario y no depender de nadie económicamente solo era un plus; la verdad es que se quedaba con lo primero.
—Mira por la ventana... —dijo Patrik haciéndola voltear.
Ella pudo ver los enormes rascacielos; incluso Central Park ya estaba en Nueva York. Aún no sabía a dónde pensaba llevarla Patrik, pero aquello le generaba mucha emoción.
—Ya llegamos...
Lina sonrió al tiempo que sintió una punzada en la panza ante la emoción que le provocaba aquello.

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