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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 236

Capítulo 236: Paseo en Central Park

Tan pronto como el avión aterrizó, ya los esperaba un elegante auto con chofer incluido.

—Adelante... —dijo Patrik abriéndole la puerta a Lina para que subiera.

—¿Esta es tu vida en Nueva York?

—Algo por el estilo, ya deja de mostificarte, anda, vamos, debemos ir a arreglarnos.

—¿Para? ¿Por?

Patrik, en definitiva, se daba cuenta de que Lina estaba nerviosa; todo lo que veía era nuevo. No era tonto, se podía percatar de que ella se sentía extraña con todo lo que estaba viviendo; no quería incomodarla. Al principio pensó en llevarla a una gala, ópera o algo elegante, pero, al ver su reacción, decidió que no quería que saliera huyendo, así que iría paso a paso.

—¿Te gusta? —preguntó él, viendo cómo ella no perdía detalle en las calles que recorrían.

—Es... Es un lugar asombroso.

Lina hizo una pausa, lo miró y dijo:

—No sé cuál sea el plan, pero no creo venir vestida para la ocasión.

Patrik la miró, sonrió y dijo:

—Yo creo que estás perfecta, pero, si no te sientes cómoda, podemos ir a buscar algo que te agrade.

Lina se quedó sorprendida. ¿Dónde había quedado el frío y arrogante hombre de hace unos días? ¿Se lo habían cambiado luego de la borrachera? ¿Qué sucedía con este hombre?

—¿Cuál es tu plan? ¿A dónde me quieres llevar?

—Bien, el plan era llevarte a la ópera, una subasta aburrida y una gala benéfica; esas hay casi todos los días, pero, viendo tu impaciencia, cambié de opinión.

—¿Qué? ¡No! Bueno... —dijo ella sintiéndose nerviosa y algo tonta.

—¡Tranquila! ¡Claro que no! Ahora mismo, vamos a mi casa; ahí te podrás cambiar de ropa y saldremos a dar un paseo.

—¿Paseo?

—Sí, algo tranquilo, no lo sé, Central Park, un café, tal vez cenar, ver la ciudad, cosas normales, ¿qué opinas?

Lina sonrió; el plan le resultaba muy atractivo. Ella no era de ir a la ópera, a galas benéficas donde seguro no encajaría y mucho menos a una subasta, donde claramente no tendría nada de dinero para gastar.

—Llegamos, señor... —dijo el chofer con amabilidad.

—¡Gracias, Frank!

Para aquel hombre, le era nuevo ver a Patrik con una mujer tan peculiar. Frank llevaba tiempo trabajando para la familia Stuart y conocía muy bien la historia de Patrik, conocía su pasado, sus amoríos, y ninguno encajaba con la mujer que llevaba en ese momento.

—Te llamaré si necesito algo más. Pregunta: ¿Mi auto está en el garaje?

—Sí, señor... Tal como el resto de cosas que solicitó.

Patrik sonrió con complacencia y gratitud; tras aquello, dirigió la mirada a aquella mujer, quien se abrazaba para no sentir frío. Con todo lo que habían estado haciendo, Patrik olvidó por completo que el clima en Nueva York aún era frío; se quitó el saco y se lo colocó.

—¿Por qué no me dijiste que tenias frio?

Lina se quedó quieta, lo miró y sintió la calidez que su blazer le proporcionaba; aquel aroma a su perfume la invadió y, por primera vez, no supo cómo descifrarlo, pero sintió la calidez que ningún otro hombre le había proporcionado.

¿Cómo era posible todo esto? Patrik era un hombre del que fácilmente una podría caer rendida, pero hacía unos días, cuando se conocieron, era una persona totalmente diferente y hoy, en definitiva, no se parecía en nada, ni siquiera al de la mañana de ayer.

—¿Aquí vives?

—Sí, bueno, en uno de tantos apartamentos de este edificio.

Lina recorrió con la mirada el lobby y se dio cuenta de que este lugar debía ser carísimo.

Patrik tomó su mano y la condujo hacia el elevador.

Una vez dentro de este, el hombre la acorraló contra la pared y le robó un apasionado beso, el cual duró hasta que la campanita anunció el piso correcto. Al salir de este, Lina se topó con una espectacular vista.

—¿Por qué no dejas de sobrepensar las cosas y disfrutas del momento?

Lina mordió su labio inferior, lo miró a los ojos y se sinceró.

—Patrik, yo nunca había vivido algo así, solo piénsalo, ¿qué posibilidad existe de tomar un vuelo, venir a Nueva York y vivir todo esto? Solo piénsalo, suena algo descabellado, ¿no lo crees?

—Bueno, depende de la persona con la que salgas, ¿no lo crees? Deja de pensar mucho las cosas y disfruta esta salida.

Lina sintió un nudo en su garganta; llevaba toda la vida buscando esto, buscando un hombre que le regalara flores sin pedirlas, sin que fuese necesario, que la invitara a cenar en un lugar romántico.

Nunca lo expresaba, pero quería algo más que unos tragos, que una cita por compromiso, que sexo casual; soñaba con lo que en las películas veía. Vivir esto hoy, ahora mismo, era difícil de creer.

—Oye... Será mejor que nos vayamos o cambiaré de opinión y preferiré hacer otras cosas aquí. —dijo Patrik cargándola y haciendo que ella rodeara su cadera con las piernas.

Lina lo miró y supo perfectamente bien a qué se refería; ella, sin pensarlo dos veces, lo besó, se aferró a sus labios, a su cuello, a su cuerpo. Patrik correspondió a aquel beso; le comenzó a acariciar su cuerpo bajo aquella blusa holgada. Lina disfrutaba del sabor de sus besos, de aquella lengua experta que la prendía al sentir cómo danzaba con la suya.

—Adelina... —dijo APtrik apenas soltando los labios de aquella joven mujer. —Debemos parar; de lo contrario, no vamos a salir de este lugar...

Lina lo miró y sonrió; luego de ello dijo:

—Sí, vamos, anda, bájame o, de lo contrario, no me voy a controlar.

—¿Acaso ya te recuperaste?

—¿Mande? —dijo Lina sonrojada.

—Nada, anda, cámbiate, vamos... Quiero llevarte a unos cuantos lugares.

Patrik la bajó y comenzó a buscar ropa para cubrirse. Lina, por su lado, seleccionó algunas piezas y se comenzó a cambiar. En menos de lo que pensó, ya iban camino hacia donde él tenía planeado llevarla.

Tal como todo lo que este hombre usaba, el auto era un deportivo que gritaba lujo y elegancia. Con este, salieron camino a Central Park, donde, antes de entrar, compraron un café; luego de ahí, caminaron hasta donde estaban los famosos carruajes de Central Park.

Lina se sentía como si de verdad estuviera en una película de esas que solía ver cuando se sentía nostálgicа.

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