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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 237

Capítulo 237: La primera impression.

Lina y Patrik subieron a aquel carruaje; él le puso una manta sobre sus piernas; aquel gesto la conmovió. Patrik era un hombre romántico, sin duda; aunque hablaba poco, aunque en apariencia se mostraba imponente y frío, dentro había un hombre de buen corazón. ¿Cómo no podría sentirse afortunada?

—Patrik... —dijo ella con duda.

—Dime... —respondió el hombre rodeando sus hombros con un brazo y con el otro, entregándole un café. —¿Qué sucede?

—¿Por qué haces todo esto?

—Hmm... No lo sé, simplemente tuve ganas de hacerlo y puedo hacerlo.

Lina no se sintió tan convencida con aquella respuesta, pero prefirió no ahondar más.

—Patrik...

El hombre tomaba un sorbo de su café cuando ella volvió a querer preguntar algo. Ella quería entrar en su mente, saber qué pensaba, quién era y por qué era así, pero no hallaba el modo de hacerlo.

—¿Qué sucede? Pregunta lo que quieras preguntar.

Lina se sintió un tanto presionada, ¿Cómo no iba a sentirse así? Este hombre tenía una mirada de interrogador.

—¿Hace cuánto tiempo vives en Nueva York?

Patrik sonrió; sabía que esa no era la pregunta que quería hacer, pero optó por seguirle la corriente.

—¿Eso es lo que de verdad quieres preguntar?

—Bueno, yo... Es que...

—¿De cuándo acá eres tan tímida? Seamos honestos, tú no eres tímida y te he visto mucho más dispuesta que ahora.

Aquel comentario provocó que Lina sintiera que sus mejillas se coloreaban y eso que el clima era bastante frio.

—Bueno, es que debes entender una cosa. —dijo ella tratando de imponer su carácter.

—¿Qué cosa? A ver, dime... Soy todo oídos.

—Bueno, mira, todo esto es nuevo. Para comenzar, a esta hora todos los días estoy en la oficina, atiborrada de pendientes; llevo días sin vivir en mi apartamento y hasta hace días tú no tolerabas mi presencia. ¿Cómo pasamos de eso a esto?

Patrik tomó un trago de su café, saboreó el delicioso sabor y luego con calma respondió.

—¿Esto te molesta?

—¡No! ¡No me malentiendas! Es solo que, bueno, ya jamás he vivido cosas como esta. A ti, se ve claramente que no te duele el dinero. Míranos, en cuestión de horas estamos en otro país, en otra ciudad, haciendo cosas que nunca en mi vida hubiera imaginado; eso para un simple mortal como yo sí que es difícil de asimilar.

Lina sabía perfectamente que todo lo dicho era verdad. En toda su vida, jamás, jamás había conocido a alguien como él, pero siempre le pasaba una cosa: cuando alguien le gustaba, su cerebro y corazón se ponían de acuerdo; una vez que alguien le gustaba, nadie más le interesaba. Eso la llevaba a cometer varias tonterías.

Patrik sí, sí le gustó desde el momento que lo vio y, por un momento, tal como lo pensaba, su cerebro y corazón se pusieron de acuerdo, pero, luego de ver la actitud de aquel hombre, honestamente, lo descartó. Adicionalmente, estaba Alessandro Vélez, quien, aunque no estaba con ella al cien por ciento, nada más no podía dejar de comparar a este hombre con aquel.

Lina solo pudo sentir cómo un escalofrío recorría todo su adolorido cuerpo. Tras aquello, llegó a la conclusión más obvia: estaba realmente jodida, pues si ahí mismo quería hacerla suya, lo dejaría, no podría resistir, dejaría que esos labios, esas enormes manos y ese miembro que ya había sentido con anterioridad se apoderaran de ella de una y mil maneras más.

—¿Por... ¿Por qué no vamos a tu apartamento ahora? —dijo ella tragando saliva.

Patrik la miró, sonrió y dijo:

—¿Quieres ir al apartamento?

—¿Tú quieres? —dijo al tiempo que posaba su frente en la de él y lo miraba a los ojos.

—Créeme, suena tentador, pero, primero que nada, quiero llevarte a uno de mis lugares favoritos; esto solo es un paseo.

—¿A dónde me quieres llevar?

—Vamos a cenar... —dijo Patrik al tiempo que le señalaba que el viaje había terminado.

Tras aquello, él bajó del carruaje, le extendió la mano y la cargó para ayudarla a bajar.

—¿A dónde me va a llevar, señor Stuart?

—Ya lo verás, te va a encantar.

Lina lo veía y no, simplemente este hombre no se parecía en nada al hombre que ella conoció la primera vez. Este era el clásico ejemplo de que no podía juzgar a una persona con la primera impresión.

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