Capítulo 238: Tuve una esposa...
Lina sintió cómo la mano de Patrik buscó la suya. El hombre caminaba erguido y orgulloso, no se ocultaba de nadie, no había necesidad de hacerlo.
Esta era la primera vez en mucho tiempo que se veía haciendo aquello; para Lina todo esto era nuevo. Él se veía muy seguro de cada paso que daba y este no era la excepción.
—Mira, aquí está... —dijo Patrik sosteniendo con fuerza su mano.
Tras aquello, el hombre se colocó a un lado de ella y juntos cruzaron la calle. Lina se sentía como en un cuento; lo miraba hacia arriba y no podía dejar de pensar que era el hombre más atractivo que había tenido oportunidad de conocer.
Aún le resultaba increíble el hecho de que fuese de su mano, más cuando hasta hace días este no le dirigía más palabras que un educado saludo. ¿Qué había sucedido? ¿Qué había cambiado? ¿Dónde había quedado el hombre educado? Pues en la intimidad, se transformaba en todo menos en educado.
—Pasa, aquí preparan un delicioso café con sabor a almendras y un increíble pan.
Lina volvió a levantar la vista, lo miró y sonrió. Este hombre la había traído hasta Nueva York a tomar café y comer ¿pan?
—Durante el desayuno, se me ocurrió que sería bueno que conocieras este café; preparan y es delicioso el pan de aquí; ese tiene algo especial.
Lina se relajó; esto era algo que no podía dejar pasar desapercibido. Miró a su alrededor y vio los mostradores llenos de varias exquisiteces.
—Escoge el pan que sea de tu agrado; yo ya tengo mi favorito, así que tú mira y dime cuáles quieres.
Lina soltó su mano y comenzó a recorrer las vitrinas. Todos se veían deliciosos, todos; la verdad era que no sabía cuál elegir, al menos no hasta que llegó a los panes de hojaldre. Ahí perdió el control y se pidió varias deliciosas piezas.
Luego de que ambos tuvieron lo que querían, se sentaron en una mesa que daba hacia la ventana.
Patrik tomó un sorbo de su café y luego dijo:
—Bien, ¿ahora sí me vas a preguntar lo que de verdad quieres saber de mí?
Lina comía despreocupadamente su pan y mientras dijo:
—¿Quién eres, Patrik? Hace unos días te mostrabas como un hombre frío y sin escrúpulos; ahora, te muestras siendo todo lo contrario. ¿Quién eres?
—Bueno, Adelina, la verdad es que no voy por la vida sonriéndole al mundo, ese no es mi estilo.
Como podrás ver, soy más del estilo reservado; no me gusta andar gritando a los cuatro vientos mi estado de ánimo.
—¿Por esa razón me consideras escandalosa?
—No, la verdad es que lo eres...—dijo Patrik con seriedad. —Pero, ya analizándote, viendo la verdadera Adelina, creo que es algo que forma parte de tu personalidad y, debo ser honesto, creo que es lo que me ha hecho fijarme en ti.
Lina escuchó todas y cada una de las palabras que aquel atractivo hombre dijo; aún no podía creer que estuviera viviendo eso.
—¿Qué tal el pan?

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