Capítulo 240: Prepárame algo de cenar
Los ojos de Patrik estaban puestos en Lina; sabía que la presencia de Harper iba a complicar las cosas y ahí estaba el resultado.
—Patrik... Es... Eso solo que aquella mujer...
—¿Qué con esa mujer?
—Tú y Efraín tienen una vida aquí, digo, es como yo y mi hermana, pero me preocupa mi hermana; ella viene de un divorcio, no lo he dicho y aclaro, me siento feliz de que ese par se esté dando una oportunidad, pero todo ha sido muy rápido; hasta hace meses, mi hermana... Tú no la viste... Ella estaba destrozada y la conozco; una vez que toma una decisión, no hay vuelta de hoja, pero...
—¿Cuál es el pero?
—Pero la verdad es que, desde el primer momento en que Efraín apareció nuevamente en su vida, mi hermana se muestra como antes; para mí es como si Marina de 18 años hubiera regresado a casa. La veo fuerte, la veo sin miedo a lo que venga.
Ahora, toparme con una mujer que conoce a Efraín y no mientas, entre ella y él hay algo... bueno, me deja con una extraña sensación. No sé qué vaya a suceder con ellos, solo te pido una cosa y sé sincero, dime, Efraín y ella... ¿Están juntos? —dijo Lina con miedo a que cada palabra que salía de su boca lo hiciera verdad.
Patrik miró a la mujer que tenía acorralada y dijo:
—No te voy a mentir y no debería decirlo, pero no quiero que, por guardar silencio, las cosas se compliquen para mi amigo, ¿ok? Harper es una de tantas mujeres con las que Efraín ha salido, pero así como está ella, están muchas otras más.
—Eso no me ayuda mucho...
—Es la verdad, sin filtros, sin adornos. Efraín, bueno, no puedo hablar mal de mi amigo, solo te voy a poner en perspectiva las cosas; Efraín es un hombre libre, es soltero, así como tú o yo. Él llevaba una vida despreocupada, no se involucraba sentimentalmente con nadie; no lo justifico, pero hasta hace un mes, su vida era otra...
Ahora bien, no me gusta estar hablando de mi amigo sin él presente; lo hago porque no quiero que tu cabeza se llene de ideas distorsionadas de lo que viste.
Harper es una de tantas mujeres con las que ha salido, pero, si algo sé, es que él valora mucho a tu hermana; si él la ha buscado, es porque le interesa.
Conozco a mi amigo y sé que, si no le interesara, simplemente hubiera dejado pasar el hecho de que ella estaba libre ahora.
—¿Libre?
—Adelina, tú sabes a qué me refiero, no finjas.
Conoces la historia; ahora, solo te pido que dejes de pensar en esto y olvidemos el tema de Harper, no hagas ruido en donde no merece la pena hacerlo.
Lina no se sentía satisfecha con aquella explicación, pero ¿qué derecho tenía ella de exigirle a Patrik aquello? Al final, Patrik era amigo de Efraín; lo que tenía que hacer era buscar a su amigo y, tan pronto pudiera, hablar claro con él. Ella no quería que este viniera y jugara con su hermana, pues aquella mujer había dejado claro que no era cualquier mujer en la vida de Efraín.
—Ahora, ¿vas a dejar que esa mujer nos arruine la noche? —preguntó Patrik observándola fijamente.
Lina lo miró a los ojos y apenas pudo sonreír; él tenía razón, ellos dos habían viajado ahí desde México. El tema de Efraín era punto y aparte; ella no conseguiría nada estando ahí; al contrario, se perdería la oportunidad de vivir lo que por mucho tiempo había deseado vivir.
—No, no, tienes razón... —dijo Lina, poniendo una nota en su mente para hablar con Efráint tan pronto pudiera.
—¿En qué estábamos?
—En que me llevaste a cenar café y pan, que volamos 5 horas por ese delicioso pan, el cual dejé olvidado.
—No te preocupes, puedo pedir que traigan un pedido a casa ahora mismo. —dijo él, posando una de sus manos en la cintura de Lina y otra en su cuello para atraerla hacia sus labios.
Lina realmente llegó a la conclusión de que ese par de ojos azulados la tenía realmente jodida, pues así como se posaban en ella, cualquier defensa o resistencia que quisiera poner se derrumbaba ante aquella clara mirada.
Por otro lado, mientras Lina vivía en una montaña rusa de emociones, alguien más no la estaba pasando nada bien.
—Señor...
—¿Dónde demonios está Lorena?
—E... Ella vive en otro lugar; en ocasiones viene, pero no siempre.
Dante se notaba molesto; esto no era lo que había acordado con aquella maldita mujer.
—Así que, ¿aquí has vivido tú estos días?
—Sí, sí, señor Montemayor. —dijo Jimena sin atreverse a mirarlo bien a los ojos.
—Bien, traigo hambre, hazme algo de cenar...
Esta era la primera vez que Jimena lo veía así, por lo que no dudó en atender su solicitud. El hombre hoy tenía una mirada que nunca había visto y eso le causaba cierto temor, Él nunca la había mirado de esa manera; estaba sola, en un país ajeno, nadie la conocía y, lo que complicaba todo, estaba embarazada.
Dante observó la reacción asustada de la joven, subió un poco su tono y mirada, luego dijo:
—Anda, prepárame algo de cenar, tuve un largo viaje y vengo cansado, solo quiero descansar.
Jimena, al escuchar aquello, se tranquilizó un poco; esta era la manera en que le hablaba normalmente, así que el miedo se disipo rápidamente.
Dante Montemayor tenía su vida hecha un desastre; él jamás había contemplado que Florencia lo dejaría. Los días después de que lo dejasen libre habían sido un vaivén de emociones.
Florencia había estado con él por cerca de 35 años.
¿Cómo demonios se le había venido a ocurrir que ahora, a su edad, la iba a abandonar? El hombre aseguraba que tan pronto como diera con ella, le pondría un chip sin que se diera cuenta; así no importaría las veces que huyera, él siempre la encontraría.
El tema de Jimena era un tema aparte; aún no sabía qué haría con ella y el bebé que llevaba en el vientre, pues este solo venía a complicar todo. Él tenía la esperanza de que el producto, por su edad, no creciera, pero todo apuntaba a que sí, ahora debías pensar en cuál era la mejor manera para deshacerse de esta mujer y su hijo, pero, mientras no la hallaba, las cosas seguirían tal como hasta ahora.

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