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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 241

Capítulo 241: ¿Qué rayos le estaba sucediendo a este hombre?

Marina se sentía nerviosa; esto no debería estar pasando. Ella era una adulta y, como tal, no debería sentirse así, pero, honestamente, la vida tiene formas muy curiosas de ponerte en momentos incómodos.

En aquel café esperaba mientras tomaba un café americano, simple y sin azúcar; este no era algo que fuese su favorito, pero ante la situación que estaba viviendo, ameritaba algo fuerte y se veía pidiendo un trago.

Marina miraba por la ventana; la tarde no era trágica, solo había un poco de brisa. Sí, en marzo había un poco de brisa, de esa que no moja, pero sí enferma, según la abuela Sofí; esa "Iluvia espanta pendejos", recordó, y eso la hizo sonreír.

Mientras esperaba a que llegara la persona que iba a ver, se puso a recordar momentos de su vida. Se perdió de uno en específico, ¿cómo podría olvidarlo? ¿Cómo querría olvidarlo? Sí, saber que estaba embarazada había sido una de las mejores noticias que podía haber recibido en todo lo que llevaba de vida.

Tras perderse en los recuerdos de ese día, sus ojos se posaron en las múltiples mesas; en ellas había parejas recién comenzando, algunas muy enamoradas, otras discutiendo o lidiando con temas de su vida.

Una ligera sonrisa se dibujó en sus labios; ella no vivió muchas de estas escenas. ¿En qué momento había sido tan estúpida como para aceptar casarse así, sin conocer al que se suponía que era el amor de su vida?

Ella no era diferente al resto, aunque, por mucho tiempo, se había repetido una y otra vez que ya no estaba vieja para andar saliendo a cafés o a algún otro lugar sin hijas; ya era una madre y debía ser responsable, o al menos eso era con lo que su propia madre taladraba sus oídos cada que podía.

Hoy había necesitado hablar con su hermana, pero, al final, desistió, ya que todo el día estuvo tratando de comunicarse con Lina; sin embargo, su hermana, quién sabe dónde se había metido, pues no había contestado sus llamadas y sus pocos mensajes.

Marina comprendió que seguramente debía estar ocupada por el trabajo, por lo que no insistió más; así era Lina, podía pasar días presente y luego, desaparecer de repente, así que no le extrañó nada que no respondiera el móvil.

Miró la hora en el reloj y, por como veía, había llegado 20 minutos antes. No sabía cómo se daría aquella conversación, pero esto era por sus hijas y Esteban no se había escuchado agresivo o grosero; al contrario, la llamada la había hecho en un tono conciliador y, por el bien de sus hijas, accedió a verse en aquel café.

Tras cansarse de pensar en lo que sucedería en esa reunión, sus ojos se posaron en una mesa llena de chicas, las cuales brindaban y sonreían efusivamente; seguro que debían ser unas chicas bastante felices, pensó ella para sus adentros.

Por un momento, se permitió perderse en un pensamiento que la invadió. ¿Cómo sería su vida si no se hubiera casado? ¿Estaría como aquellas chicas? ¿De verdad habría comenzado una relación con Efraín? ¿Habría salido del pueblo? ¿Habría hecho realidad sus sueños?

Ella soñaba con viajar, conocer, comer y disfrutar de la vida sola; parecían cosas normales que hoy día representaban todo un reto, pues al ser madre y de gemelas no era una tarea sencilla.

Marina estaba segura de que no tenía claro si su vida sería la misma de hace años, pero una cosa sí tenía clara: los problemas con los que ahora lidiaba no serían los mismos, no tendría un corazón roto, tal vez trabajaría de sol a sombra como Lina y tal vez existía la posibilidad de que jamás habría conocido a alguien más, pues seguiría tontamente a que Esteban regresara al pueblo y pusiera sus ojos en ella.

Al final, el futuro sí que se mostraba un tanto gris.

¿Acaso era que Esteban siempre vendría a marcar su presente?

De un momento a otro, solita se regañó: ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Y Efraín? ¿Por qué aún en su vida no consideraba a Efraín?

Él, lo único que había hecho desde que apareció era ayudarla, entonces, ¿Por qué ahora mismo su corazón no lo consideraba? ¡Dios! ¿Cómo podía ser que Esteban estuviera tan metido en su corazón que solo pensara en él?

Eso la llevó a sentirse pésima al recordar lo sucedido por la mañana: cuando Efraín la llamó para saludarla. Ella estaba preparando el desayuno de sus hijas y las cosas no estaban saliendo nada bien.

Diana se lanzó a los golpes nuevamente hacia Renata; estas niñas, lejos de parecer hermanas, más bien parecían enemigas.

El cúmulo de eventos la llevó a sentirse aterrada, preocupada y cansada; ella sola estaba cargando con la responsabilidad de dos niñas que parecía que esperaban el mejor momento para atacarse la una a la otra.

Ante aquella situación y la petición de Efraín de verse el fin de semana, esta se sintió acorralada, lo que la llevó a pedirle tiempo; recién estaban comenzando una relación y ella, honestamente, no dejaría los problemas de sus hijas por ir a coger con su "novio".

Marina no era tonta; se percató inmediatamente del cambio en el tono de voz de entusiasta y pícaro a serio y seco. Ella sentía que Efraín no lograba comprenderla; ella era madre y no podía hacer a un lado a sus hijas; esto debía quedarle claro, pues de lo contrario, simplemente no funcionaría y, fuese quien fuese él, pero si no era capaz de entenderla, no podrían seguir juntos.

—¿En qué piensas? —dijo Esteban sacándola de sus pensamientos.

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