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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 244

Capítulo 244: Quiero que vivas conmigo...

Soraya miraba al hombre que dormía plácidamente a su lado. Ella lo miró y sonrió; sabía perfectamente bien que no tenía que hacer nada extraordinario; él, al final, tal como siempre había sucedido desde que se conocían, volvería a ella y ella lo recibiría con los brazos abiertos.

Efraín Forcelledo había sido su amigo, confidente y, por llamarło así, pareja cada que se podía desde que estaban en la universidad.

Para Soraya, no había cosa que ella no conociera; lo conocía tan bien que sabía por qué lado llegarle, lo conocía y sabía que no era un hombre de una sola mujer; sin embargo, de todas las mujeres que él tenía, ella era la principal, era a la que siempre terminaba buscando cuando necesitaba un poco de calma en su vida.

Por otro lado, mientras Efraín caía en lo que ya estaba acostumbrado, Marina miraba su móvil, esperaba algún mensaje o llamada de este hombre; el silencio le indicaba que, efectivamente, el cambio en el tono de voz sí había sido por la molestia que se había generado de no poderse ver.

Marina miró por la ventana; su jardín era encantador. Las niñas estaban bien, pero por separado; ella había notado que su Diana, a pesar de todo lo que estaba sucediendo, ya había hecho un nuevo amigo, cosa rara, pues ella no era alguien muy abierta a entablar plática con otros niños.

Según lo poco que le había dicho su hija, era que la casa de al lado era de unos tales Pellegrini; el apellido no le sonaba, pero tampoco había indagado quiénes eran; ya después tendría el placer de conocer a los papás de aquel amiguito de Diana.

Por otro lado, estaba su Renata, quien luego de la pelea entre ella y Diana, se había encerrado en su habitación y, aunque el jardín le gustaba, se había negado a salir de ahí mientras Diana estuviera en la misma casa; incluso, le había llegado a plantear a su madre que ella debía irse a vivir con su padre.

Obviamente, Marina no había hecho nada; lo mejor que pudo hacer era hablar con Esteban, planearle lo de las terapias y ver cómo avanzaban con sus rencillas, las cuales, por como veía, no eran algo reciente. Esto ya era algo que venía cocinándose a través de los años.

Marina finalmente colocó su móvil en la mesita de noche; estaba claro que Efrain no la llamaría, ni le escribiría, así que le mandó un mensaje rápido y se metió a la cama para por fin descansar.

Hoy, en definitiva, había sido un día muy cansado y lleno de un vaivén de emociones, que solo quería cerrar los ojos y no pensar más en el futuro; por hoy solo quería descansar; ya mañana le tocaría acercarse a sus hijas para saber qué era lo que de verdad le molestaba de una a la otra.

De vuelta en Nueva York, Lina se dejaba llevar por todo lo que le provocaba Patrik. Ella se preguntaba si este hombre no necesitaba un descanso; ella estaba prácticamente al borde de caer rendida mientras que él seguía disfrutando de su cuerpo de un modo que ella jamás había experimentado.

—Adelina... —Susurró Patrik a su oído aun dentro de ella.

—¿Qué? —respondió ella apenas pudiendo pronunciar palabra.

—Quiero que vivas conmigo...

—¿Cómo? —dijo ella sorprendida ante tal oración.

—Quiero que vivas conmigo...

Lina sintió que no había escuchado bien. ¿Cómo podría pedirle aquello? Él en realidad no la conocía bien, ¿por qué le pedía esto? Tras pensarlo unos segundos, se volteó y lo miró a los ojos y dijo:

—¿Cómo puedes pedirme eso? Apenas me conoces, ¿Cómo puedes confiar tan rápido en mí?

Patrik la miró, sonrió y dijo:

—Creo que en estos días he aprendido muchas más cosas de ti que tú misma, así que no creas que tomo esto a la ligera. Te dije que esto no era un juego, no estoy aquí para ver si funciona, debe funcionar, ¿me explico?

Marina, por un momento, se quedó sin palabras; este hombre sí que iba demasiado rápido. Lina se puso nerviosa y no sabía qué decir, ¿cuál era la respuesta correcta?

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