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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 265

Capítulo 265: Hablando con la verdad.

Esteban, por su parte, iba de camino a su penthouse; de su mente no habían podido salir las duras palabras que había lanzado Marina durante la ola de reclamos de anoche.

Todo lo dicho por ella era verdad; él mandó al demonio su matrimonio, hizo cosas imperdonables y todo se le estaba estrellando en la cara ahora mismo.

El que Marina le sacara lo que había hecho en el pasado cuando se casaron dolió, claro que dolió; él no solo le cambió la vida a ella, su primo también había salido bastante lastimado por su decisión.

Ellos eran amigos, eran como hermanos; no compartían ideologías, pero tampoco era como que se llevaran mal.

Hoy día, si alguien le llegara a preguntar si era feliz con lo que hizo, claramente le diría que no. Tras aquella decisión, nunca fue feliz, claro, evitó ser la comidilla de la crema y nata de la sociedad, pero ¿a qué costo?

Esteban había perdido a su primo, casi hermano; claro, tenía a Armando, su mejor amigo, pero la verdad era que este no era alguien de tanta confianza como Ángel.

Luego, estaba Marina, quien era una mujer joven, inexperta, totalmente sumisa, que solo pensaba en cómo tenerlo contento y, aun así, él no podía verla con los mismos ojos con los que veía a Lorena.

Hoy día, no lo reconocería abiertamente, pero añoraba los días que pasaba en familia con esa mujer; hoy lo había podido constatar, él realmente extrañaba a su familia. Aquel desayuno, por un momento, se sintió como en el pasado; aquel desayuno se sintió como muchos otros que tuvieron cuando aún eran una "familia".

Cuando finalmente llegó a su lujoso apartamento, el hombre entró, arrojó las llaves e inmediatamente se fue a servirse un trago; hoy más que nunca sentía que necesitaba perderse en los efectos que este le provocaba.

Aquí fue donde recordó cómo los primeros meses después de pedirle el divorcio, ella no paraba de insistir, de suplicar, de llorar e incluso de humillarse con tal de que él no la dejase; no obstante, él estaba obsesionado, maravillado y extasiado con la novedad.

Esteban reconocía que estaba increíblemente cegado con el regreso de Lorena, con la fantasía de tener un matrimonio como el que tenía, pero con la persona con la que siempre tuvo que haberlo tenido.

Esteban pensaba que la vida al lado de Lorena sería como la que tenía con Marina; ahora sabía que estaba muy alejado de la realidad, ahora sabía que Lorena no era Marina.

Lorena nunca se iba a poner detrás de nadie, no se iba a olvidar de sí misma; ella siempre buscaría ser la número uno, ella solo querría lo bueno: las atenciones, los mimos, los detalles; lo demás, eso no tenía relevancia en su vida, tal como ahora había sucedido.

Esteban siente que, una vez que Marina y las niñas se vayan a Londres, las va a perder para siempre: un nuevo lugar, una nueva vida; él solo será el proveedor, pero ¿qué no acaso eso sería lo mejor que podría hacer por ellas? Hablando con la verdad, esto sería lo mínimo y correcto. 

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