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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 266

Capítulo 266: Un futuro diferente.

En el caso de Efraín, él llegó a casa, se bebió toda una botella de whisky; bien sabía que era cuestión de horas para que Marina le hablara y le gritara unas muchas verdades; estaba claro, él había fallado.

Al final, Patrik se lo dijo: él debía arreglar su pasado y lo ignoró, creyó que podía mantener controlada esa parte, pero tal parece que no era así.

Aquel hombre sabía que Lina no se iba a quedar callada; todo lo que había imaginado con Marina se acababa de ir por el caño, pero, ¿qué era todo?

Ella seguramente ya estaba pensando en cómo deshacerse de él; ella seguramente ya estaba planeando verlo para decirle que iba a volver con Esteban; seguro le diría y juraría que era por las niñas, pero él sabía bien la verdad: Esteban siempre había estado ahí, en su corazón, y él nunca podría luchar contra eso; hiciera lo que hiciera, no podría luchar contra aquello. 4 Lejos de aquel alcoholizado y atormentado hombre, Lina permanecía en su apartamento pensando en cuál sería la mejor acción a tomar en este caso. Ella en verdad quería ir a ver a su hermana, pero se contuvo... Al final había terminado ahí, encerrada, sintiéndose entre la espada y la pared.

Con un poco más de calma, al final no sabía si debía o no hacer lo que ya tenía en mente, pues se puso a pensar que tal vez Patrik tenía razón. Ella no podía venir a decir algo que tal vez no era verdad; ella no había visto a Efraín. No obstante, la duda la embargaba cuando recordaba que ya le había tocado toparse con una de sus tantas amantes.

Pensar en aquello la hacía querer abrir la boca, pero al mismo tiempo la ponía contra la pared; por un momento se dio cuenta de que ya conocía a dos mujeres que estaban relacionadas con él, Harper y, ahora, una tal Soray. ¿Cuántas más aparecerían en el camino?

Sus pensamientos y frustraciones se vieron interrumpidos cuando una llamada entró a su móvil.

—¡Adelina Salas! ¿Dónde te has metido estos dos días? Espero que no estés fingiendo alguna enfermedad para no ir hoy a la boda que debes cubrir.

Tras aquella llamada, Lina hizo a un lado el tema de su hermana y se enfocó en el difícil momento que tenía que presenciar.

—Bien, Adelina, no seas una miedosa, es hora de enfrentar esta situación; esto será como cualquier otro evento que hayas cubierto en el pasado.

Lina se dijo eso para darse ánimos; la verdad es que no tenía intención de ir, pero trabajo era trabajo y ahora no se podía dar el lujo de andar perdiendo su trabajo.

Por otro lado, Marina, luego de ver que Esteban se marcha de su casa, finalmente siente que el ambiente opresor se ha ido y decide tener una larga charla con sus dos hijas.

Esto era algo que no podía hacer con la presencia de Esteban ahí, así que hizo lo que toda madre debía hacer en algún momento: decidió hablar con la verdad, pues ella no era una supermamá, aunque casi siempre quiso verse de esa manera.

Marina miró su teléfono y nada, no había nada; de Efraín solo tenía el silencio. Se sacudió cualquier pensamiento que nublara su juicio.

— ¡Niñas! Vengan a la sala, por favor...

Ambas niñas llegaron por diferentes caminos; Renata ya no lucía tan erguida y orgullosa, mientras que Diana seguía viéndose tranquila y callada.

—¿Qué... ¿Qué sucede? —preguntó Diana con cierta timidez.

—¡Vengan mis niñas! Vengan, quiero hablar con ustedes.

Ambas niñas tomaron asiento en el sofá, mientras que Marina se sentó en la mesita de centro para poder estar más cerca de sus hijas.

—Renata, Diana. —dijo haciendo una pausa para ver a los ojos a cada una de sus niñas. —Como escucharon, nos vamos a ir a Londres; honestamente, aún no estoy muy segura de que sea lo correcto, pero todos estos meses hemos vivido momentos que ninguna de las tres estaba preparada para vivir; así como ustedes han tenido miedo, yo también he tenido miedo.

Marina miró a ambas niñas y decidió que no quería seguir mintiéndoles; ella no era tan fuerte, no era tan sabia, cometía errores, caía, pero también se levantaba y eso era algo importante que debía enseñarles.

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