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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 269

Capítulo 269: ¿Cuánto tiempo ensayaste...?

Efraín notó la molestia en todas y cada una de las palabras de Marina; por un momento sintió que se estaba alterando y decidió calmarse.

—Marina, es solo que... Dime una cosa, ¿qué es lo que hacía Esteban anoche en tu casa? Ayer yo estaba fuera de tu casa, estaba esperando a que él se fuera y, ¿sabes cuál fue mi sorpresa? Te voy a decir que me tocó ver cómo Esteban salió solo para meter su auto en esta casa.

Marina estuvo a punto de replicar, pero, era verdad, Esteban se había quedado en aquella casa; ella estaba agotada, él se encontraba igual, así que, por un momento, quiso olvidar que eso no era correcto, esa casa no era suya, era de Efraín.

Aquel pensamiento la puso a reflexionar y confirmar que su decisión no podía ser tan errada.

—Efraín, tienes razón. —dijo Marina haciendo una pausa. —Esteban no debió haberse quedado, menos siendo esta tu casa. Honestamente, sé qué es lo que cruza por tu mente, no soy una tonta.

Crees que Esteban se quedó aquí por mí, conmigo, e incluso puedo imaginar qué crees que durmió en mi cama y que me la pasé muy bien, ¿verdad?

Por esa razón estás así, por esa razón es que vienes así y por esa razón es que siento tu frialdad hasta en los huesos y no hay cosa que diga que te haga pensar diferente.

Es claro que, por mi pasado, si te digo lo contrario, no me creerás, así que no voy a decirte nada; solo acabo de convencerme de que vivir aquí no es para nada una buena idea.

—Ma... Marina, ¿qué estás diciendo? Yo, yo no quería sonar así, pero, dime, ¿qué pensarías tú si ves a alguien entrando a mi casa en la madrugada?

—Efraín, ya te dije, no voy a llevarte la contra; es claro que opinaría lo mismo que tú, pero, por esa razón y porque vengo de un divorcio en donde todo el tiempo fui la mujer detrás de... Es que he tomado la decisión de devolverte todo lo que me has dado.

Mira, desde la vez pasada me di cuenta de que no te gustó el hecho de no poder vernos, pero esta es mi vida; los problemas de mis hijas son prioridad.

Qué más quisiera yo poder rehacer mi vida así de rápido como en las novelas, pero no, esta es mi realidad, soy madre y, como tal, debo ser honesta y realista; ya no tengo la misma libertad que una jovencita.

Tú mereces algo mejor, tú mereces conocer a alguien que te pueda dedicar todo el tiempo, que solo esté esperando una llamada para que salgan, y yo, yo no voy a ser así, menos cuando vengo de una separación que pareciera estar afectando de más a mis hijas.

Tú muy bien sabes todo lo que viví de niña y te juro que, cuando nacieron mis hijas, cuando las cargué por primera vez, independientemente de quién es el padre, yo juré que los errores que mi madre cometió conmigo no los repetiría con mis hijas y tengo la obligación de cumplir esa promesa. —dijo Marina sinceramente.

—Marina, dime una cosa. —dijo Efraín haciendo una pausa. —¿Cuánto tiempo ensayaste este discurso frente al espejo? 

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