Luego de que Marina por fin sacara a relucir lo que había ocurrido, Lina se quedó pensando en qué era lo que podía hacer para levantarle el ánimo a su hermana.
Lina tenía claro que decidir divorciarse tras lo que había ocurrido era lo mejor que pudo hacer, pero eso no quería decir que con ello ya no doliera, menos cuando se trataba del disque amor de la vida de su hermana.
Era claro que nada de lo que hiciera o dijera podía cambiar la situación, pero al menos debía pensar en cómo hacer que su hermana pudiera estar tranquila o distraída de todo lo que ocurría a su alrededor.
—¿Oye, Marina? —preguntó Lina pensando en algo que ya había maquilado anteriormente.
—Dime… —dijo la joven mujer limpiándose las lágrimas.
—En mi trabajo me tienen pendientes unas vacaciones, ¿por qué no nos las tomamos juntas? Mírate, estás toda pálida y en los huesos, necesitas un poco de sol, arena, playa y… comida, por supuesto, ¿qué opinas? ¡Tú, yo y el inmenso mar! —señaló Lina con una sonrisa coqueta.
—¡Lina! ¿Acaso no me ves? ¿Cómo podría irme de vacaciones? En primer lugar, estoy convaleciente, ¿sí recuerdas que casi me muero?
—¡Por eso mismo! Porque casi te mueres, es momento de que aproveches la oportunidad que la vida te regala. ¿Por qué no podrías ir? Tampoco te digo que vamos a ir a surfear, solo te digo que sería bueno irnos a la playa, tomar un poco de sol, unos cuantos tragos y olvidarnos de todo y todos… ¿Qué dices? —expresó Lina con entusiasmo.
—Te digo que se vale soñar, ¿cómo podría dejar a mis niñas solas? Todos los días que pasé en el hospital, no hacía otra cosa que pensar en ellas, en volver a tenerlas en mis brazos, en estar en casa cuidándolas. ¿Cómo podría agarrar mis cosas e irme de vacaciones?
—Piensa que es como si fueras a terapia… Solo que será al aire libre, ¿qué opinas?
—Opino que es una idea muy descabellada de tu parte… —dijo Marina cerrándose a un no como respuesta.
—¡Piénsalo! No lo eches a saco roto; podemos ir a la playa que tú digas. Solo es cuestión de que digas que sí y yo muevo todo, ¿qué opinas?
—Lina, no tengo nada que pensar, estoy en recuperación, ¿qué tal si el clima me hace daño?, ¿qué tal si me caigo y me lastimo?, ¿qué tal si un sinfín de cosas me pasan?, no lo sé…
—¡Excusas! ¡Excusas! De hecho, ya hablé con Ofelia y ella está encantada de que te vayas unos días a la playa… Ella dice que puede cuidar a las niñas y me cercioré con el doctor Vélez de que puedes ir; por cierto, paréntesis, el hombre me parece encantador.
—¡Lina! ¿Qué cosas dices?
—Oye… Después de mes y medio ahí, ¿crees que uno no pondría los ojos en aquel ardiente chileno?
—Lina, ¿cómo sabes que es chileno?
—Pues al menos hasta que se te quite lo bronceada, sí…
—Tú no tienes remedio, solo voy a decir sí, porque no quiero estar aquí. Hoy gané la batalla porque prácticamente corrí a mamá, papá y Paulina, pero estoy segura de que mientras ella esté aquí, volverá a venir. ¿Cuándo nos iríamos?
—Tú solo di cuándo y a dónde quieres ir, yo me encargo del resto…
—De ser por mí, mañana mismo, porque estoy segura de que Paulina vendrá aquí mañana, me regañará, me dará un discurso que me hará sentir el ser más infeliz que pueda existir.
—¿Ves lo que te digo? Necesitas vacaciones y si nadie sabe a dónde fuiste, mejor… ¿Qué opinas? Dime, ¿cuándo nos vamos?
—Que te quede claro que acepto solo porque no quiero toparme con Paulina aquí; mis hijas la admiran mucho y no quiero que nos vean discutir.
—¡Ya rugiste, mi leona! Dame dos días, compraré boletos de avión y nos iremos de vacaciones juntas, tal como un día lo decíamos, ¿lo recuerdas?
Marina movió la cabeza en negación; no creía que hubiese aceptado, menos después de que por la mañana había firmado el maldito divorcio. Tal vez esa libertad con la que termino aceptando era parte de una nueva yo que exigía salir, o tal vez no.

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