Capítulo 271: Algo que grite opulencia.
Luego de recibir la llamada por parte de Raquel Davis, Lina no perdió tiempo y comenzó a arreglarse. Ella tenía que llegar al lugar donde sería el evento una hora antes, revisar que todo estuviera como lo había planeado la familia.
Mientras se arreglaba, no podía parar de pensar en qué era lo que debía hacer; ella se sentía entre la espada y la pared. Por un lado, Lina había escuchado por su hermana en el pasado que Efraín era un mujeriego y no tenía muy buena fama; eso se lo había comentado Esteban en algún momento.
Aquello le hacía pensar dos veces en la escena vivida en Nueva York; Patrik le decía que no hiciera una locura, que no era un tema de ellos, que todo podía tratarse de un malentendido, pero ¿de verdad lo que escuchó podría considerarlo un malentendido?
Lina se debatía entre lo correcto y la tranquilidad de su hermana. Nadie más podría decir lo mucho que Marina había sufrido al ver cómo su matrimonio se iba al carajo, al ver cómo el hombre al que amaba, respetaba y cuidaba se había ido de su lado.
Los primeros meses habían sido lágrimas; su hermana se había perdido entre el dolor y las
múltiples tareas como madre. Aquí era cuando se percataba de que, como mujer, a su hermana le había tocado llevar la parte más complicada.
Esteban un día había amanecido y había tomado la decisión de que, según él: "Ya no podía más", "él no la amaba, es más, no sabía si algún día la había amado" El recuerdo más doloroso fue cuando la vio caer en el aeropuerto, cuando la vio perdida tal cual una chiquilla, cuando se percató de que su hermana había caído a cuenta de que su marido se había ido.
El regreso de Efraín en la vida de su hermana le había traído muchas cosas buenas; ella se notaba más segura e incluso, por momentos, Lina podía asegurar que su hermana se veía como cuando eran jóvenes; se le veían los ojos brillantes, llenos de sueños e ilusiones, llenos de promesas que hacía para ella misma.
Lina aún recordaba las palabras que su hermana no se cansaba de repetir:
—Lina, cuando cumpla la mayoría de edad, cuando me vaya a la universidad, buscaré un empleo de medio tiempo, voy a ahorrar dinero y me iré a vivir sola. Ya verás que, estando sola, podré hacer muchas cosas: podré ir a conocer el mundo, viajaré a los lugares más interesantes, iré y me subiré al volcán, me subiré a un globo aerostático.
—Pero esos solo son en León...
—¡No! ¡Claro que no! Esos también hay en Teotihuacan, aunque sea solo un recorrido chiquito.
También he pensado que quiero comprar un boleto de avión; me voy a ir a un estado lejos y luego me regreso en el siguiente vuelo, solo quiero saber qué se siente subirse a un avión.
—Mar, de verdad que estás bien loca, papás, no creo que te dejen.
—Sabes bien que no les importo mucho a papás, ellos van a estar ocupados con Paulina, así que no se preocuparán por mí.
—¿Por qué no le dices al Angelito que te lleve a Nueva York? El viaje sería más largo.
—No, no es tan fácil, necesito papeles, créeme, he querido hacerlo, pero necesito visa y pasaporte, eso es caro, solo quiero subirme a un avión, quiero saber qué se siente volar. La verdad es que no me importa el destino, solo quiero saber qué se siente ir en el cielo.
—Mar, si te vas, ¿qué pasará conmigo? ¿Acaso me dejarías solita?
—¿Cómo crees eso? Cuando viva solita, ahorraré dinero y te vendrás a vivir conmigo, ya lo verás, será divertido.
—Hmm... Debes apurarte, esto es una promesa, ¿eh?
—¡Claro! Ya verás que en unos años, las dos conoceremos el mundo, seremos famosas, tú serás una gran actriz y yo, yo seré una gran diseñadora.
Cuando vayas a recibir tus premios por ser la mejor actriz de la historia, yo seré quien diseñe tus vestidos.
—¡Así será!
Mientras recordaba aquello, Lina se había ido colocando una por una las prendas que complementarían su atuendo. Por alguna razón, pensó en Patrik, levantó su móvil y nada, no vio nada, ni un mensaje, ni una llamada.
Se miró en el espejo y observó el horrible vestido que había logrado comprar con el presupuesto que tenía asignado.

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