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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 277

Capítulo 277: Té de manzanilla

Ofelia escuchó el motor del auto y salió rápidamente de la habitación de Renata, topándose con Marina sentada como una chiquilla perdida en el pasillo; al verla así, era evidente que algo ahí no estaba nada bien.

—Señora... —dijo Ofelia apresurando el paso.

Marina, al escuchar la voz de Ofelia, rápidamente se limpió las lágrimas y trató de hacer como si nada ocurriera.

—¿Qué sucede, Ofe? ¿Cómo están mis niñas?

—Señora, ¿cómo está usted? —dijo al ver que no se incorporaba.

Marina escuchó la pregunta y no supo cómo responder. Las lágrimas se volvieron a acumular en sus ojos. Trató de evitarlo, trató de limpiarlas, pero le fue imposible.

Ofelia ya estaba frente a ella y dijo:

—A ver, deme la mano, vamos, vamos a la cocina por un poco de té.

Marina miró a la mujer que le hablaba, tomó su mano y se levantó del suelo.

—Ande, señora, las niñas están entretenidas; Diana

está platicando con su vecinito, el cual me cae muy bien; es un niño muy agradable y educado. Renatita está dormida; dice que no pudo dormir nada bien, así que le ayudé a dormir y luego la cubrí con una manta.

Marina escuchaba el reporte que le acababa de dar Ofelia; agradecía que ella estuviera ahí, pues de lo contrario, no sabía bien qué era lo que debía hacer, no con todo lo sucedido en ese momento.

—Señora, ¿qué sucedió? Noté cierta tensión en el señor Forcelledo.

Marina no pudo seguir ocultándolo más, no pudo evitar que las palabras que dijo Efraín se le clavaran en el pecho nuevamente.

—Se terminó, Ofe, ya no habrá más señor Forcelledo y necesitamos abandonar esta casa...

Debemos irnos ahora mismo. —dijo Marina, sabiendo que no tenía un lugar a donde ir.

—Señora... ¿Qué sucedió? ¿Ya sabe que puede confiar en mí? Mire, si lo que tuvo es una pelea con el señor Forcelledo, esas cosas pasan, no se preocupe, debe darle tiempo al tiempo.

—No, Ofe, esto no se quita con tiempo, esto era la realidad, una realidad que no quise ver.

—Señora...

—¿Recuerdas las múltiples veces que Esteban mencionaba que su primo era un promiscuo, mujeriego y quién sabe cuánta cosa más?

—Sí, claro, usted siempre decía que no hablara así de su propia familia.

—Bueno, pues sucedió. Por años yo siempre tuve en mente que Efraín no era alguien así, pero hoy me he estrellado con la realidad. Él... él me ha confesado que estuvo con alguien más en estos días... —dijo Marina rompiendo en llanto.

—Señora...

Ofelia miró a la joven mujer; se notaba que la idea de aquello la estaba rompiendo, tal vez no por el hecho de la acción, o sí, por la acción, pero aquí lo que tenía más peso era que ella venía de vivir eso mismo: de la infidelidad de su marido, de un divorcio mediático y de una supuesta luz en el camino que se había extinguido mucho antes de señalar cuál era la dirección correcta.

Sin consultar, sin pedir permiso, Ofelia atrajo a Marina hacia su pecho, la abrazó fuertemente como si de su hija se tratase y le dijo:

—Llore, señora, llore, usted necesita sacar eso, no lo guarde, ¿para qué lo haría? Sé que es un momento difícil, pero, como mujer y más como adulta, nos toca llorar; luego, limpiamos las

lágrimas, nos lavamos la cara y afrontamos las cosas como vengan.

—No se preocupe por la casa, entiendo que esto era del señor Forcelledo; recuerde que usted tenía por ahí un ahorro, eso debería ser suficiente para buscar algo más sencillo, pero que sea suyo. No olvide que usted quería comenzar de cero y eso haremos, tal vez no en esta casa, tal vez no con ese hombre apoyándola, pero tiene lo más importante:se tiene a usted misma, tiene a sus hijas y me tiene a mí.

Créame, nunca le dé tanto valor a un hombre para que se crea único. Esto que sucedió, pues pasó, nos ilusionamos, no funcionó, pues le lloramos, nos desahogamos y luego nos levantamos. ¿Acaso no lo peor que pudo suceder ya pasó?

Usted viene de un divorcio que no eligió, usted viene de amar a alguien que, supuestamente, él nunca la amó; usted no se va a dejar caer por un hombre que no supo valorarla, usted va a tomar esta experiencia y la va a guardar para que en la siguiente ocasión sea más sabia y vaya, poco a poco.

¿No lo creе?

Capítulo 277: Té de manzanilla 1

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