Capítulo 305: ¡Tu padre, eres un mentiroso!
—Papito, estás muy pensativo... — dijo Diana mientras saboreaba su delicioso helado.
—Mi niña, estaba pensando en su madre, ¿Cómo la han visto? ¿Cómo está ella?
—Bien, ella está bien. —dijo Renata en tono cortante.
—Renata, no es necesario que seas tan cortante conmigo, ¿Por qué te comportas así? —preguntó Esteban, ya incómodo por la actitud esquiva de su hija.
—Padre, yo creo que es más que evidente que no soy como Diana. Por si no lo recuerdas, estuvimos ahí el día que le gritaste cosas feas a mamá; ella está embarazada y va a tener a nuestros hermanitos, no era algo que quisiéramos, pero ¿acaso no tú fuiste el primero en engañarla?
—¡Renata! —expresó el hombre asombrado.
—Sí, padre, tú fuiste el primero en engañarla, ella era joven y te casaste con ella sin amarla, ¿o me vas a decir que sí amabas a mamá?
—¿De dónde sacas esa estupidez? —dijo Esteban sorprendido.
—Mamá te lo dijo, yo lo escuché, ella te lo dijo en tu cara, tú toda la vida has estado enamorado de otra mujer, esa mujer es Lorena Huesca, pero te dejó en el altar, por eso te casaste con mamá.
¿No es así?
Renata acababa de sacarle algo que quería decirle desde hacía varios meses y que solo estaba esperando el momento a solas para decírselo.
—¡Renata!
—¿Qué padre? ¿Qué? ¿Vas a negarlo? ¿Lo harás?
—expresó Renata en tono provocativo.
—Hija... Yo...
—No, papá, yo escuché clarito cómo mamá te lo dijo, ella ha sufrido mucho. ¿Nosotras también fuimos un engaño? —preguntó Renata molesta.
Diana se había quedado callada; no podía creer lo que su hermana decía. ¿Cómo era posible que estuviera acusando a su padre de esa manera?
Pero algo ahí sonaba muy extraño; su padre sí había dejado a mamá por esa mujer.
Esteban no tuvo más remedio que bajar la voz y decir:
—Aquí no, Renata, no delante de todos.
—¿Ah, no? Entonces, ¿dónde, papá? ¿En tu oficina? ¿Cuándo? ¿Cuándo pensabas darnos una explicación? Porque yo no te veo como alguien que nos fuera a decir eso; seguro, si no te lo digo, tú jamás nos lo habrías dicho. Yo solo espero que el papá de los bebés sea Sebastian; él sí sería un buen papá, no como tú. —dijo Renata en un acto de sinceridad.
Aquella última declaración hizo que Esteban perdiera el control; si había alguien con quien no quisiera que Marina se involucrara, era ese maldito hombre.

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