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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 33

Tras dos días, tal y como lo había prometido Lina, ambas hermanas iban camino al aeropuerto.

Para fortuna de Marina, su familia se había sentido realmente ofendida por cómo los había tratado el día de su visita, por lo que no habían vuelto a intentar ir a verla.

Marina sabía perfectamente bien que no solo era el trato; era más bien que les resultaba más interesante estar con la hija que tenía la vida resuelta y no con la que tenía que recogerla a pedazos.

—¿En qué piensas? —preguntó Lina con intriga.

—En nada, es solo que, la última vez que estuve aquí, todo se veía tan diferente.

—Bueno, yo no tengo un jet privado, pero te puedo asegurar que te vas a divertir.

—Finalmente, ¿me vas a decir a dónde vamos a ir?

—Hmm… Holbox… ¿Recuerdas que querías conocer la bioluminiscencia?

—¿De verdad? ¿Vamos a ir a ese lugar? Pero, ¿qué, no acaso esta playa es para parejas? —preguntó Marian con cierta duda.

Nunca lo había dicho, pero siempre había imaginado ir a esa playa en específico con Esteban, pues había escuchado que, en ese lugar, el amor fluía en el aire.

—Hmm… Lo han etiquetado así, pero supongo que cualquiera puede ir, ¡anda! Pon cara de felicidad. ¿Hace cuánto tiempo no viajas sola? ¿Hace cuánto tiempo no te tienes que preocupar por atender a nadie más que a ti?

—Creo que nunca he hecho eso… —respondió con honestidad.

Aquella respuesta desconcertó a Lina; ella recordaba algo diferente.

—¿Cómo?

—Sí, ¿acaso no lo recuerdas? Cuando llegábamos a ir de vacaciones, solían dejarte conmigo y prácticamente, yo era quien te cuidaba. Luego, cuando me casé, supongo que asumí el papel de esposa perfecta y me dedicaba a hacer todo por complacer a Esteban; al poco tiempo llegaron las niñas y, pues no, creo que nunca he salido, así como lo haremos ahora.

—¡Dios, Marina! Ya ves, este viaje te caerá como anillo al dedo. ¡Ya verás que nos vamos a divertir! ¡Tú, yo, un poco de arena en el culo, playa, mar…! ¡Ya muero de ganas por llegar! —expresó Lina con mucha emoción.

—Aún no estoy muy segura de lo que haremos… —replicó Marina insegura.

—¡Marina, no! ¡No te me vayas a echar para atrás! Ofelia va a cuidar a las niñas; ellas también son conscientes de que te necesitas despejar. ¡Anda, cariño! Sonríe un poco.

—Solo quiero subir al avión y ver qué sucede, pero, te digo una cosa, si me comienzo a sentir mal, tomamos el primer vuelo que se pueda y nos regresamos. —advirtió Marina, mirándole con seriedad.

—Sí, sí, pero ya te había dicho que nuestro fabuloso doctor chileno me dijo que no, que todo estará muy bien.

—¡Tú no tienes remedio! Seguro que estás agarrando mi condición para estarle marcando a ese hombre, ¿verdad? —dijo Marina haciendo los ojos chiquitos. – Otra cosa, si mis niñas me hablan y dicen que me extrañan, también nos regresaremos.

—¡Con que apague tu móvil, bastará! —pensó Lina en voz alta.

—¡Adelina Salas!

—La idea de este viaje es que sirva para que te despejes. Han sido unos meses llenos de altas y bajas, más bajas por lo que se puede ver; así que, ¡es momento de descansar! —dijo Lina estirándose como gato.

Marina la miró y solo movió la cabeza en negación.

Capítulo 33: ¡Yo no sé qué hacer sola! 1

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