Entrar Via

La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 41

Tras algunos minutos más, Efraín fue al tocador, mientras Marina decidió hacer una videollamada a Ofelia para que sus hijas pudieran ver la pizza de langosta que acababa de llegar a su mesa.

—¡Hola, Ofelia! —dijo Marina con un tono alegre que hace mucho tiempo no hacía.

—¡Señora! ¿Cómo está? ¿Todo bien?

—¡Claro! ¡No podía estar mejor! Ahora voy a cenar… Quería que mis hijas vieran lo que voy a cenar, ¡es increíble!

—Espere un momento, les hablo… —dijo Ofelia, un tanto preocupada y hasta nerviosa.

—Sí, por favor…

—Señora, el señor está aquí… no pude negarle el acceso, según le había avisado a su abogado y la había intentado localizar.

—Hmm… ¡Está bien! Debo hablar bien con mi abogado para que organice mejor las visitas.

—Está bien, señora… Voy por las niñas.

—¡Sí! Aquí espero…

Marina podía molestarse, pero estaba lejos y, por más que quisiera hacer algo, en ese momento solo lograría angustiarse de en balde, así que reprimió su molestia y esperó a que sus hijas llegaran.

—¡Mami! ¡Mami! ¿Cómo están? ¿Cómo está la tía? —preguntó Diana al momento de llegar y verla. —¡Te ves bien bonita!

—¡Gracias, mis niñas! ¡Yo estoy bien! ¡Muy bien! ¿Cómo están ustedes? ¡Cuéntenme!

—¡Muy bien! ¡Papi vino a casa! Preguntó por ti, le dijimos que te fuiste con la tía Lina de vacaciones. —dijo Renata con total sinceridad.

—¡Oh, mi niña! No era necesario, pero está bien. Todo por aquí está muy bien, ya le mandé video a Ofelia con los flamingos. Hoy fui a verlos, tuve que caminar mucho, pero llegué. Ahora voy a cenar esta deliciosa pizza de langosta, ¿verdad que luce apetitosa?

—¡Wow, mami! ¿De verdad te vas a comer todo lo que tienes en la mesa?

—¡Ya ven cómo es su tía Lina! —mintió Marina al recordar que su querida hermana la había pasado a abandonar.

—Supongo que estás tomando todas las precauciones necesarias. ¿Verdad? —se escuchó la voz gruesa y seria de Esteban.

Marina, al escuchar aquellas pocas palabras, sintió una punzada en la panza.

—¡Esteban! ¡Claro que me estoy cuidando! ¡Sé cuidarme sola! ¡Eso no debería preocuparte! —respondió Marina con una calma que evidentemente no sentía.

Esteban, inicialmente, había ido a ver a sus hijas sin avisar, puesto que había intentado localizar a Marina por teléfono, pero esta no le había cogido la llamada, así que creyó que tendrían una fuerte discusión.

El hombre mentalmente ya iba preparado para una fuerte discusión; sin embargo, no esperaba toparse con que su ahora exmujer se había ido de vacaciones con su hermana menor y había pasado a dejar a sus hijas solas.

—Me he llevado una sorpresa al llegar y no verte en casa. —Gruñó el hombre al verla en aquella pantalla.

—Esteban, si llamé fue por mis hijas, no para hablar contigo, así que me gustaría que me permitas hablar con ellas… —dijo Marina sabiendo que con solo verlo perdía la poca paciencia que sentía.

Esteban sintió molestia ante aquella declaración, pero no quiso discutir, más al ver que sus bellas gemelas estaban acaparando la pantalla.

De pronto, las niñas se alejaron un poco más de la pantalla y él pudo ver el rostro de Marina.

Muy a pesar de la molestia que sentía, verla después de unos días provocó que rápidamente algo captara su atención.

Ella no lucía como los últimos días; es más, notaba un brillo singular en su mirada.

Apenas estaba asimilando aquella imagen cuando vio algo que provocó una oleada de sentimientos contrariados.

Marina sonreía con mucha alegría, mientras una mano masculina pasó rosando en el hombro desnudo de su mujer, corrección, exmujer.

—Bueno, mis amores, ya en dos días regreso a casa, cuídense mucho y procuren no darle lata a Ofelia, ¿está bien?

—Sí, mami, ¡disfruta tu cena! —dijeron las niñas a unísono.

¡Gracias, mis amores! —dijo Marina despidiéndose afectuosamente de ellas.

Lo que Marina no sabía era que esa simple acción despertó algo extraño en Esteban, quien no sabía a dónde y con quién se había ido Marina.

—¿Lista? —preguntó Efraín al ver que terminaba la llamada.

—¡Totalmente!

—Bien, pues, ¡buen provecho!

—Bon appétit, ma belle.

—¿Eso qué significa?

—Buen provecho, mi bella…

—Me ves así porque eres mi amigo…

—Hmm… Tal vez sí, tal vez no… No lo sé; aún no estoy lo suficientemente ebrio para mentir.

—¡Efraín!

Capítulo 41: ¿Qué podría sucederte? 1

Capítulo 41: ¿Qué podría sucederte? 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)