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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 45

Efraín se percató de cómo Marina se molestó ante su negativa a responder la pregunta que había hecho. Luego de eso, la joven mujer comenzó a caminar hacia dentro del hotel, el hombre suspiró con resignación, no tenía que ser muy listo para darse cuenta de que estaba realmente furiosa.

—¡Marina! Por favor, espérame… —murmuró al darse cuenta de que ella se iba.

—Tu silencio me dijo todo, ya no necesitas decir más… —replicó Marina, caminando torpemente.

Efraín frunció el ceño, no con molestia, sino con algo de diversión. Esta era la primera vez que se veía en aquella curiosa situación.

Luego, reaccionó y recordó que ella aún estaba convaleciente, por lo que, si se caía, podía lastimarse seriamente. Sin pensarlo más y arriesgándose a una posible represalia, aceleró el paso, rodeó con un brazo la cintura de la joven mujer y la cargó sin previo aviso.

—¿Qué… ¿Qué se supone que haces? —reclamó Marina retorciéndose entre los fuertes brazos de aquel caballero.

—¡Cargándote! Si continúas caminando así; uno, cualquiera que se cruce en tu camino, corre peligro y dos, lo más importante, tú misma corres peligro. —Señaló Efraín, atrayendo más hacia su pecho el cuerpo de Marina.

—¡Bájame! ¡Yo puedo caminar sola! ¡No necesito que nadie me cuide! ¡Yo me sé cuidar sola! —dijo Marina comenzando a sollozar.

Efraín puso los ojos en blanco al ver el cambio de actitud en la mujer que llevaba en brazos.

—¡Sé que puedes hacer todo tú sola! ¡Confío cien por ciento en que puedes hacerlo! ¡Eres una mujer muy fuerte! ¡Siempre lo has sido!

—¿Por qué me dices eso? —dijo Marina entre lágrimas.

—¡Porque es la verdad! Desde que te conozco siempre has sido una chica fuerte, siempre veías cómo sacar lo mejor de la situación. ¿Acaso ya no lo recuerdas? Tú eras la más intrépida de los 3, tú eras la que nos hacía cometer locuras. Muchas de las cuales ya no sabíamos cómo salir y de las que al final tú buscabas siempre la solución.

—¿Cómo es que recuerdas esas cosas? —preguntó sorprendida.

—¿Cómo podría olvidar que en el pueblo pasaba los mejores días de mi vida?

—¿Qué? ¿Cómo dices eso?

—¡Marina! Sé que estás ebria, pero seguro recordarás todos los buenos tiempos que pasábamos en los veranos.

Efraín sintió y vio cómo aquella pequeña fiera poco a poco fue bajando las defensas y se fue calmando.

—¿Por qué no quisiste responder a mi pregunta? Solo debías decir sí o no. ¿Por qué no quieres decir qué piensas de mí? —volvió a preguntar la chica, intentando indagar la verdad.

Efraín miró el número de habitación para cerciorarse de que fuese la correcta.

—Tú no sabes la cantidad de cosas que pasan por mi mente, porque sí, te deseo, deseo poder morder estos carnosos y rosados labios que tienes, quisiera poder enredar mi lengua con la tuya y probar el sabor de tus besos.

¡Dios! Quisiera poder desnudarte ahora mismo, quisiera oler de cerca cada parte de tu ser… Desearía pasar mi lengua por todo tu cuerpo, mientras mis manos exploran cada parte de tu ser.

—E… Efraín… —Atino a decir Marina al escuchar aquello.

En un movimiento que Marina no imaginó, este hombre tomó su mano y la posó sobre un lugar que ella no se hubiese imaginado.

—¿Ves? ¡Tú me provocas esto! Y no, no eres fea, eres atractiva, eres bella en toda la extensión de la palabra. ¡Eres sensual de un modo que no te puedes imaginar! Solo un puto idiota dejaría pasar la oportunidad de tenerte a su lado.

Esteban fue un completo idiota por dejarte ir así de fácil, si yo hubiera sido él, ¡jamás! Óyelo bien… ¡Jamás te hubiera dejado ir! ¡Jamás habría puesto los putos ojos en otra mujer! ¿Cómo querría hacerlo, si mírate? ¡Eres la mujer más bella y sensual que puede haber! —dijo Efraín sin permitir que ella alejara su mano de su miembro.

Marina no esperaba ese tipo de respuesta, escuchar todo aquello hizo que ella olvidara por completo que estaba ebria.

—Marina, no lo niego, debe haber un montón de mujeres hermosas desperdigadas por ahí, pero tú no le pides nada a ellas, ¿por qué demonios no puedes verlo? ¿Acaso Esteban te metió tan en el fondo esa estúpida idea?

¡Esteban no es nadie, no es nada! ¡Tú no te puedes comparar con la mujer por la que te dejó! ¡Entiéndelo! ¡Eres hermosa, inteligente, joven y te admiro por la fuerza que posees! Solo debes verlo, porque de nada sirve que nosotros lo veamos y tú no…

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