Marina abrió de inmediato sus marrones ojos y los clavó en el hombre que tenía frente a ella y que había pronunciado un título que ya no le pertenecía.
Por un momento se quedó paralizada, trató de hilar la imagen que tenía frente a ella, pues no le entraba en la cabeza y creía que su mente le estaba jugando una mala pasada; sin embargo, todo estaba tan claro como el cielo. Esteban estaba ahí; se maldijo internamente.
—¿Esteban? ¿Qué demonios haces aquí? —preguntó un tanto nerviosa y asustada.
Aquel hombre tomó asiento a su lado, un tanto hipnotizado por algo que no había visto en mucho tiempo. Marina, a pesar de haberla agarrado durmiendo, lucía radiante; algo en ella, definitivamente, se veía diferente.
—No contestabas tu móvil y me preocupé por ti. ¿Qué haces aquí sola? ¿Que no acaso no se supone que venías acompañada de Lina? ¿Por qué viniste hasta este lugar tú sola? ¿Qué sucedería si te ocurre algo?
Esteban buscaba en la mujer que tenía frente a él algo que no sabía bien qué era, pero que lo mantenía al filo entre la tranquilidad y la ira.
Marina, por su lado, miró a su alrededor y se percató de que se encontraba rodeada por el personal de seguridad de su exmarido.
En ese momento, estar en aquel lugar le causó un poco de temor; ella estaba ahí, sola y sin dudar, a merced de lo que a su exmarido se le pudiera atravesar.
—Esteban, ¿estoy escuchando bien? ¿Por qué vendrías hasta aquí a buscarme? Creo que te has olvidado un pequeño detalle, ¿No es así? —dijo Marina tratando de mostrar una calma que evidentemente no sentía.
—Vine por ti. ¿Cómo es posible que a días de salir del hospital ya estés aquí? Y más aún, ¿cómo es posible que dejaras a mis niñas solas? ¿Acaso ya no vas a hacerte responsable de tus obligaciones para con ellas? ¿Acaso vas a comenzar a comportarte como muchas otras mujeres separadas? ¿Ya te van a venir valiendo madre nuestras hijas? —expresó tratando de controlar la ira que le provocaba pensar en que ella estuviera con su primo.
Marina solo sintió una punzada en la panza. ¿Acaso había escuchado bien? El hombre frente a ella, ¿había ido hasta ahí para decirle toda esa sarta de estupideces?
Tras unos breves minutos que parecieron una eternidad, pensó en la mejor manera de responder, pero no queriendo arruinar la tranquilidad que había vivido aquellos días, se levantó del camastro y comenzó a caminar hacia el lobby del hotel.
—¡MARINA! ¡MALDITA SEA! ¿Puedes dejar de comportarte como una puta escuincla? ¡Ya no lo eres! ¡Tienes obligaciones! ¡Tienes responsabilidades! ¿Cómo es posible que vengas aquí y te olvides de tus obligaciones para con mis hijas? ¡Te exijo que me definas qué harás a partir de ahora! ¿Por qué demonios estás aquí sola mientras mis hijas están en casa a expensas de que les suceda algo? Dime, ¿acaso debo comenzar a pensar en quedarme con su custodia?



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