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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 55

Marina hizo una pausa, luego volvió a hablar:

—Solo te voy a pedir una cosa, Lorena, me dijo que Renata la admira… En su momento me dolió, ¡claro que me dolió!

Si me pongo a compararme con ella, es obvio que salgo perdiendo; solo me basto con verla. Ella sí hizo algo de su vida; vaya, seguramente debe ser alguien muy importante como para haber recibido una oferta que la hiciera dejarte.

Y de verdad, no lo digo por burlarme, no, lo digo porque debe haber estudiado y debe haber triunfado, mientras que, si la comparas conmigo, yo solo sé ser una simple ama de casa, como no se cansa de repetirme nuestra hija.

Así que, solo te pido que, no permitas que tu pareja envenene a mis hijas con ideas que no son.

Sí, soy una simple ama de casa; tal vez para todo el mundo no sea mucho. Mis funciones como ama de casa, no se ponen en un currículum, pero sé cocinar, sé limpiar, cuido a mis hijas como lo más preciado del mundo.

He aprendido a hacer maquetas, me he anticipado a pedidos extraordinarios a horas de la noche, sé cómo reaccionar cuando a nuestras hijas se les olvida algo de papelería, te he facilitado la vida con su crianza, mientras tú llevas toda una compañía de tu familia.

Está muy claro que, eso jamás se podrá comparar con hacer balances financieros, cerrar contratos de millones, hablar varios idiomas y visitar lugares que en mi vida podré conocer, pero simplemente te estoy pidiendo una sola cosa: respeto, simple y llano, respeto.

Yo soy la madre de Renata y Diana, yo soy quien las llevó en el vientre por 9 meses, yo soy quien vio cómo hizo para alimentarlas al mismo tiempo, soy quien vio cómo hacer para cuidar de dos pequeñas bebés mientras tú te hacías cargo del gran negocio familiar de los Montemayor.

Yo fui quien se hizo pedazos para recuperarse del parto y atender a dos hijas pequeñas sin alguna experiencia.

Si Lorena quiere venir y comparar sus conocimientos, su atuendo, su maquillaje y su cartera contra lo que soy, seguro que resultará mucho más interesante, pero, aun así, me niego a que me quite el título de madre; ese creo que me lo he ganado a través de todos estos años. Por lo que solo te pido eso, respeto y nada más.

—Marina, yo… Yo hablaré con ella, yo no sabía…

—¡Ay, Esteban! ¡Por Dios! No me salgas ahora con que no sabes de lo que es capaz Lorena; no insultes ni tu inteligencia, ni la mía.

Ahora, ya te dije lo que tenía que decir, te invito a que salgas de mi habitación. Tengo pagado aquí hasta el domingo y mi vuelo sale ese día; no pienso regresar contigo, no puedes obligarme y mis hijas no están solas; Ofelia, tal como lo ha hecho junto conmigo, las ha cuidado por 9 largos años.

Capítulo 55: ¿Cómo demonios lo alejo de ti? 1

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