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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 65

Efraín por un momento pensó en si era buena o mala idea decirle a Marina que él no regresaría a Nueva York. Le tomó unos breves segundos decidirlo; él quería algo con Marina y no podía iniciarlo con mentiras.

—¿CEO? ¿Cómo? No me dijiste nada. ¿De dónde eres, CEO? —¿Por eso te regresaste de Holbox? —lo llenó Marina con varias preguntas.

—Bueno, sí, no se suponía que mi nombramiento fuese así, pero… No tuve más remedio, ni opción.

—¿De dónde eres, CEO? ¡Cuéntame! ¡Eso debe ser extraordinariamente bueno!, ¿no?

—Marina, te voy a decir, pero, prométeme que no te vas a poner como loca… —dijo Efraín en un tono un tanto nervioso.

—¿Por qué no lo haría? —preguntó Marina con duda.

—Al escuchar de dónde soy CEO… —dijo Efraín metiendo las manos a los bolsillos de su pantalón.

—Bueno, ya dime… ¿Por qué tanto hermetismo?

—Soy el nuevo CEO del grupo Montemayor…

Marina detuvo la marcha, sintió que no había escuchado bien.

—¿Qué acabas de decir?

—Lo que escuchaste, Marina, soy el nuevo CEO del grupo Montemayor.

Marina sintió cómo su panza comenzó a revolotear, ¿por qué razón? Lo desconocía, pero estaba vuelta loca. Aunque casi de inmediato trato de calmar aquella desconocida emoción.

—Pe… Pero Esteban, ¿qué sucedió? —preguntó con duda.

—Bueno, cariño, todas nuestras acciones tienen consecuencias y mira que ser visto con la amante mientras tú estabas en el hospital trajo varias repercusiones en el grupo.

Marina se quedó sin palabras; nada la había preparado para aquello. En todo este tiempo, no había tenido ni tiempo ni ganas de pedir que algo malo le sucediera a Esteban; ahora entendía por qué su exmarido tuvo el tiempo para poder ir por ella.

—¿Te vas a quedar en México? —preguntó Marina con una mezcla entre preocupación y emoción.

Efraín encontró un punto ciego en aquel frondoso jardín, por lo que aprovechó y arrinconó a la mujer que tenía a su lado y dijo:

—¿Quieres que me quede? ¿Qué es lo que quieres tú, Marina?

—Bu… Bueno… Yo… —Apenas podía articular palabra aquella joven que se encontraba prensada entre una guía de buganvilias y el fuerte torso de aquel hombre.

—Creo que tienes ganas de que te recuerde una cosa… —murmuró Efraín muy cerca de sus labios.

—No, ¿qué cos…? —Intento preguntar, pero su mente se nubló al sentir cómo aquel hombre se aferraba a sus labios y la tomaba con la misma pasión de hace días.

Marina solo pudo cerrar los ojos y dejarse llevar por aquella extraña sensación de plenitud y deseo que la invadía. Mientras que Efraín, por su lado, disfrutaba del delicioso sabor de esa mujer, mientras sus manos se aferraban a las caderas y nalgas de Marina.

—Es… Espera… No, no debemos…

—¡Lo sé! Sé que no debemos, pero necesitaba hacerlo… —Susurró Efraín, soltando a regañadientes los labios de Marina.

—Po… Por favor… Aquí no…

—¿Entonces? ¿Quieres que te rapte y te lleve a mis aposentos? —sugirió el hombre deseando que aceptara, pero sabiendo perfectamente bien que no lo haría.

Marina abrió los ojos ante aquella visión.

—¡Señora Marina! Aquí les dejo el café… —dijo Ofelia en voz alta al notar una pequeña pero íntima escena y tratando de hacerles saber que ella andaba por ahí.

Marina tragó saliva y se apartó de Efraín. Inmediatamente, salió de donde estaba y dijo:

—¡Eh! —Sí, Ofe, no te preocupes, ya puedes ir a descansar. ¿Mi hija ya llegó? —preguntó la joven mujer saliendo de todo lo que la distraía.

—No sabía a dónde ir… —Apenas podía pronunciar la mujer.

—Ofelia, trae un botiquín y háblale al médico. —dijo Marina al ver el estado en el que iba.

—¡No! ¡No hagan eso! ¡No llamen al médico! —se escuchó la voz de Efraín.

—¿Efraín? ¡Hijo! —apenas pudo pronunciar palabra Florencia al ver a su sobrino, el cual no veía desde hacía ya varios años.

Una tremenda oleada de vergüenza se apoderó de la mujer; ella jamás se imaginó que alguien más la pudiera ver en aquel estado.

—Tía… ¿Fue él? ¿Verdad? —preguntó Efraín sabiendo claramente la respuesta.

Florencia apartó la mirada; sabía que para su sobrino no era un secreto la tortuosa relación que llevaba con su tío.

—Te voy a llevar al médico, amigo mío —aseguró Efraín acercándose a ella muy decidido.

—¡No! ¡No! Si él me encuentra, me va a matar y de paso, te voy a afectar —aseguró Florencia augurando el peor de los destinos.

—¡Claro que no! ¡Eso no sucederá! —¡No mientras estés conmigo! —dijo el joven con evidente molestia y seriedad. —¡Vámonos!

—Hijo… ¿Qué puedes hacer tú en contra de él?

—Tía, hay muchas cosas que puedo hacer con él; la pregunta aquí sería: ¿qué puede hacer él contra mí? —dijo Efraín con seriedad.

—Efraín, ¿A… ¿A dónde piensas llevarla? ¡Voy contigo! ¡No, no puedo dejarla sola! —dijo Marina con preocupación.

—¡Vamos! ¡Anda! Antes de que mi tío venga y me encuentre aquí.

Marina no lo pensó dos veces, le encargó a Ofelia las niñas y solo alcanzó a ver cómo este cargaba a su tía para subirla al que supuso era su auto.

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