Ofelia había sido notificada de que el señor Dante Montemayor había solicitado permiso para pasar; la mujer, intuyendo a quién venía a buscar, sin más remedio accedió.
—Señora, el señor Dante Montemayor la busca.
—¡Dios! —dijo Marina inquieta y un tanto asustada.
Efraín escuchó aquello y pensó en la situación complicada que se avecinaba. Él quería ir inmediatamente para allá, pero si lo hacía, era más que obvio que Dante lo descubriría y muchos de los planes que tenía, se complicarían.
—Marina…
—Efraín, te llamo después…
—Espera…
—Tranquilo, no hay nada que temer, yo puedo hacerlo. —dijo la joven mujer y luego terminó la llamada.
Marina ya se había puesto el pijama y caminaba a paso lento y medido hacia la sala. Cada paso que daba, lo sentía como si llevara algo de cemento que la sujetaba en el suelo.
—Señor Montemayor… —dijo Marina al llegar a donde estaba su suegro, corrección, exsuegro. —¿Qué hace aquí? ¿Sucedió algo a Esteban?
—Deja de fingir, ambos sabemos que Florencia está aquí, dile que salga y no haré un escándalo. Marina, el que tú y mi hijo se hayan separado, no quiere decir que ahora ya no seas parte de la familia; tú para mí seguirás siendo la señora Montemayor.
Diciendo esto, sabes bien que los problemas de familia son eso, problemas de familia, así que te pido, te exijo que dejes de solapar a mi mujer y le digas que salga. —dijo el hombre queriendo sonar calmado.



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