Tras aquello, el hombre abandonó aquel lugar, mientras conducía a casa, llamó a Emilio.
—¿Ya tienes alguna pista? —preguntó el hombre con seriedad.
—No, señor, sigo buscando. —respondió el jefe de escoltas con preocupación y nervios a flor de piel.
Emilio llevaba años trabajando para la familia Montemayor y sabía que si Florencia se había escapado es porque simplemente ya no pudo soportar más todos los malos tratos de su marido.
—¡Tienes de aquí a que amanezca, para encontrarla! ¡Vamos! ¡Está sola! ¡No tiene dinero! ¿A dónde carajos podría haber ido? Ella simplemente no debe haber ido lejos, sino está con Marina, no hay nadie más que la pueda ayudar.
Tras terminar la llamada, el hombre condujo a donde solía ir cuando estaba estresado y necesitaba un poco de paz para calmar su cabeza.
Dante Montemayor jamás la había mentido, pero él no concebía su vida sin su mujer, aunque nunca lo decía, para él, todas las mujeres que desfilaban por su cama solo eran un juego. Para él, la única mujer con la que envejecería sería Florencia Lovato, la mujer con la que llevaba 34 años casado.
Aunque no lo reconociera, esta era la única ocasión en la que ella se estaba comportando como nunca lo había hecho, aquello le hacía temer que esta vez hubiese cruzado la línea.
Mientras Emilio trabajaba para localizarla, él tenía la cabeza perdida en lo que haría para compensarla. Tal vez un viaje a Italia, ella venía de familia italiana y jamás podría olvidar que uno de los mayores deseos de su mujer era conocer el país de procedencia de sus padres.
Luego se le ocurrió que tal vez podría llevarla a Grecia o China, tal como ella le había platicado de jovencita, ella siempre había querido conocer esos lugares y él nunca la había llevado, muy a pesar de que él constantemente viajaba por el mundo.
Dante estaba seguro de que, si Florencia se portaba bien en esta ocasión y regresaba a casa sin hacer algún escándalo, haría un hueco en su apretada agenda para llevarla a esos lugares.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos al momento en que su móvil comenzó a sonar, cuando lo sacó, inmediatamente contestó al ver quién lo llamaba.
—¿Dónde estás? —preguntó Dante con seriedad.
—¡Quiero el divorcio! —se escuchó la voz suave y algo entrecortada de Florencia.
—¡Quiero que le congeles las tarjetas de crédito a Florencia! Eso lo harás hasta nuevo aviso y quiero que llames a nuestro bufete de abogados, quiero que pongan una demanda por abandono de hogar por parte de mi mujer.
—¡Señor!
—¡Hazlo!
—Es… ¡Esta bien! Eso haremos… —dijo el escolta aun sorprendido por lo que le estaba pidiendo su jefe.
Por otro lado, Florencia no sabía bien por qué había hecho esa llamada, no tenía abogado, no tenía nada, estaba segura de que no tenía ni dinero, solo esperaba que la propuesta de su sobrino siguiera en pie, ya que si algo tenía claro, era que, ya no quería volver a lo mismo.
Florencia llevaba cerca de 35 años al lado de un hombre frío y sin escrúpulos, de lo que ella había conocido cuando era jovencita, no había rastro, es más, dudaba que un día hubiera sido sincero.
—¡Adiós, Dante Montemayor! ¡Adiós! ¿Quieres tu libertad? ¡Pues te la doy!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)