Marina respiró tan pronto como vio que Dante Montemayor salió de su casa, luego de aquello, no pudo evitar desplomarse en el sofá. Ella no lo quiso mostrar frente a ese hombre, pero la realidad era que, se encontraba aterrada.
Ella jamás se había tenido que enfrentar a ese hombre, siempre lo había visto de lejos. Esteban era quien normalmente lidiaba con el padre, mientras ella solía convivir con Florencia, quien, desde que había llegado a casa de los Montemayor, fue la primera en mostrarse respetuosa y amable.
—Señora, ¿está bien? —preguntó Ofelia al ver la situación.
Marina volteó a ver a Ofelia y solo asintió.
—¿Quiere que le traiga un vaso con agua?
—Sí, por favor… —dijo Marina apenas pudiendo articular palabra.
Esta mujer no sabía de dónde había sacado valor para hacer o decir lo que dijo, ella solo había imaginado una situación en la que sus niñas se encontraban en peligro y solo reaccionó.
Luego de tomar agua y tratar de calmarse, decidió que era hora de ir a dormir. Estaba exhausta y definitivamente entendió que la vida sabe por qué hace las cosas. Aquí fue donde un pensamiento cruzó por su mente: si ella no hubiese estado ahí, Florencia, quién sabe dónde estaría o cómo estaría.
—Señora, ¿necesita algo más? —preguntó Ofelia tratando de hacerla reaccionar.
Marina sentía que las piernas se le desguanzaban y las manos no dejaban de temblar.
—No, Florencia, no, solo vamos a descansar, en unas horas más amanecerá y ¿Sabes una cosa? Sí vamos a poner en práctica lo que dices sobre hacer postres.
—¿De verdad, señora? —preguntó Ofelia, sorprendida.
—¡Sí! ¡Sí vamos a hacerlo! Viendo lo que acaba de suceder, yo no quiero seguir dependiendo de la familia de mi exmarido y sé muy bien que por parte de mis padres no tendré apoyo, así que, bien podemos empezar con algo pequeño, el chiste es comenzar, ¿no lo crees?
—¡Sí, señora! ¡Tiene usted razón! Usted cocina delicioso, ¡ya verá que sí vamos a poder! —dijo Ofelia entusiasmada.
—¡Gracias, Ofelia! De verdad, no sabes cuánto agradezco que tú estés conmigo, que estés a mi lado, de no estarlo, créeme, siento que el mundo se me vendría encima. Definitivamente, viendo toda la situación que está viviendo Florencia, yo no me imagino viviendo algo como ello, menos en soledad.
—Doña Florencia no está sola, ella tiene a Mercedes, ya verá, las cosas se solucionarán, más si su sobrino la ayuda.
Marina escuchó lo último y no pudo evitar mirar hacia otro lado, ella trataba de evitar ese tema, no porque se arrepintiera de lo sucedido. La verdad era que no, no se arrepentía de nada de lo ocurrido en Holbox, más bien, era que cada que lo recordaba, ella no podía evitar traer a su mente aquellos momentos íntimos con Efraín, lo cual no sabía si era bueno o malo.
En toda su vida de casada, Esteban jamás la había tratado de la manera en la que él la trató. Si tuviese que ser completamente honesta, diría que se sorprendió de vivir y sentir cómo Efraín la tomaba entre sus brazos con un hambre para ella hasta entonces, desconocida.
Aquel hombre no tuvo reparo en si ella era experta en temas íntimos, simplemente la tomó y la hizo llegar a momentos que en su vida, jamás se hubiera imaginado.
Todo ello, le mostró lo insípida que era su vida íntima con Esteban, y no, no era porque ella fuese inexperta, era simplemente porque su exmarido no la deseaba de verdad.
—¿Señora? —dijo Ofelia al verla perdida en sus pensamientos.
—Hmm…
—¿Está usted bien?
—Sí, perdón, perdón… ¡Vamos a descansar! Esta noche ha sido demasiado larga…
—Ya verá que tan pronto cierre los ojos se dará cuenta de que no es tan larga como cree.



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