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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 73

Esteban no lo decía, no lo admitiría públicamente, pero el que su hija Renata le hablara y lo invitara a desayunar en lo que había sido su casa, le había caído como anillo al dedo, pues después de la discusión con Lorena, el hombre se había ido a casa de su amigo Armando.

Ya ahí, ambos tuvieron una larga charla en donde, en varias ocasiones, tuvo oportunidad de recordar cómo eran las cosas cuando aún estaba casado con Marina, mientras sostenía una relación simultáneamente con Lorena.

Esteban admitía que Lorena era una mujer increíblemente bella, inteligente, sagaz y admirable, pues había logrado mucho en todo el tiempo que habían dejado de verse.

La vida de Lorena captó su atención debido a que ella gozaba de una libertad plena, no dependía de nadie, hacía y decía lo que quería, no regulaba sus palabras para encajar o no pelear. Al contrario, de discusiones subidas de tono, lo mejor eran las apasionadas reconciliaciones.

Lorena no era una mujer que se contenía solo para darle gusto, ella no hacia todo lo que Marina sí. Lo cual, a ojos de Esteban, todo el tiempo la tornaba aburrida y sin gracia.

Platicando con Armando recordó cuando ambos se volvieron a ver y el comenzó a frecuentarla. Él podía observar como la vida de Lorena era extraordinaria, conocía a personas influyentes e importantes, mismas que ella le presentó y que le ayudaron a cerrar sin querer, varios contratos para el grupo Montemayor.

Jamás lo diría y esperaba que jamás se supiera, pero en algunos eventos en el extranjero, Esteban la había presentado como su esposa, pues se sentía orgulloso de que lo vieran con una mujer que se desenvolvía con tanta gracias y facilidad.

Ahora, en realidad, no sabía que había sucedido, solo sabía que la Lorena que él tuvo en Nueva York a la que regresó, eran completamente diferentes.

—¿Esteban? ¿Esteban? —repitió Marina al verlo perdido en sus pensamientos.

—¡Oh, sí! ¿Qué… ¿Qué sucede?

—Necesitamos hablar de las niñas, en específico de Renata.

—¿Qué… ¿Qué sucede con ella?

—Ayer que llegamos a casa, ella no estaba, le dijo a Ofelia que iría a hacer una tarea con su amiga, pero, después se le hizo tarde y llegó aquí con palomitas y muchas golosinas. Cuando fui a verla, tuvimos una acalorada discusión.

Esteban, te he dado el divorcio, te he dejado libre, he firmado el divorcio tal como tú lo querías, pero pareciera ser que simplemente no me puedo librar del todo. —dijo Marina con mucha calma, mientras que al repetir aquello ya sentía que le dolía menos.

Esteban al escuchar aquellas palabras sintió como una ola de calor lo envolvió.

—Habla claro, ¿Qué sucede? —respondió el hombre con seriedad.

—Bien, tienes mucha razón… Ayer Renata me hecho un cara que no te dejo libre, que sigo haciendo sufrir a Lorena, ¿Sabes? El día de nuestro aniversario…

—¡Ay, por Dios! Ya vas con lo mismo, ¿Acaso no te sabes otra cosa más? ¿Podrías ya olvidar lo que sucedió aquel día? —reacción de Esteban ante la incomodidad.

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