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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 74

Esteban salió del despacho furioso, subió a su auto, arrancó y se fue. Renata, al ver aquello, no se quedó callada y fue en búsqueda de su madre, quien, ante el enojo que le había provocado aquella discusión, sintió un fuerte dolor en las costillas.

—¡MAMÁ! ¿QUÉ LE DIJISTE A PAPÁ? ¿POR QUÉ SE FUE? ¡YO LO INVITÉ A DESAYUNAR! ¿LO CORRISTE? ¿VERDAD? ¿LO CORRISTE? ¡DIMEEE, MAMÁ!

Marina no podía hablar del dolor, solo podía doblarse ante el fuerte dolor interno.

—¡MADRE! ¡ERES UNA DESCONSIDERADA! ¡ESTA NO ES TU CASA, ES DE PAPÁ! ¡TÚ NO TIENES DINERO PARA PAGAR ESTA CASA! ¡TÚ NO ERES NADIE, MAMÁ! ¡NO TIENES DERECHO A…!

Renata no tuvo tiempo de seguir insultando a su madre, pues esta, en un acto que no vio venir Renata, la abofeteó.

—¡BASTA, RENATA! ¡BASTA! —apenas podía articular palabra la joven mujer. –Es… Esta es mi casa y… Y te guste… O no, me respetas… Si no va a ser así, puedes irte con tu padre…

Marina jamás se hubiera imaginado decir aquello en verdad, pero el dolor en sus costillas más el dolor en el corazón ante las duras críticas de su hija, no le dieron más opción.

—¡Mamá! ¿Me estás corriendo?

—¡NO! Pero tú no eres feliz aquí, dijiste… Dijiste que me tratarías bien y… Y mira, ahora… Ahora mismo estoy sufriendo y tú no te das cuenta… —dijo Marina desplomándose en el suelo.

Renata, al ver la situación, se asustó y corrió hacia su madre, pero por más que le habló, la mujer no reaccionó, por lo que rápidamente se incorporó y salió corriendo en búsqueda de ayuda.

Para cuando Marina despertó, se encontraba nuevamente en una habitación de hospital, al parecer, todo el estrés le había afectado tanto física como mentalmente, por lo que su cuerpo no había resistido más y al final cedió.

—¡Me preocupaste mucho! —se escuchó una voz gruesa y masculina.

—¿Tú? ¿Qué… ¿Qué haces aquí? —dijo Marina mirando para todos lados.

—¿Cómo que hago aquí? Me enteré de lo que te sucedió y vine lo más rápido que pude.

—Efraín… Yo… Tú no deberías de estar aquí… Todo el mundo se va a preguntar por qué estás aquí, es más…

—¡Marina! No estoy aquí como alguien que venga a exigirte atención o que busque algo a cambio. Vine aquí porque Florencia me dijo que te habías puesto grave y te tuvieron que traer al hospital.

Antes de cualquier cosa, recuerda algo: fuimos amigos, fuimos confidentes y me importas; sé por dónde vas, pero no, Marina, no, lo que sucedió allá es una cosa y lo que sucede aquí es otra.

¿Por qué no me habías dicho que Esteban no te deja tranquila? ¿Por qué me tengo que enterar por tu ama de llaves? Marina, solo quiero que sepas una cosa: independientemente de lo que tú pienses, somos amigos y no estás sola. Todo este tiempo he sabido que solo cuentas con Lina, pues, por lo que logré ver, tus padres y hermana mayor, siguen igual. —Dijo Efraín tratando de controlar sus emociones.

Marina sintió un gran nudo en la garganta. ¿Por qué este hombre le daba tantas atenciones? ¿Qué podía interesarle de ella? Ella, tal como le decía Esteban, no era nada, no era nadie, no tenía nada que ofrecer. ¿Cómo podía siquiera llamar su atención?

—Lo… Lo siento, no es mi intención hacer que te preocupes por mí. —dijo Marina con resignación.

—Marina, no tienes de qué pedir disculpas, por favor, entiende una cosa: antes de cualquier cosa, somos amigos. Yo soy el mismo Ángel con el que platicabas de balcón a balcón. Soy el mismo al que no parabas de preguntarle por Esteban, al que no parabas de contarle cuánto te gustaba.

—Debes creer que soy una estúpida, ¿verdad?

Capítulo 74: Lista de cosas por limpiar 1

Capítulo 74: Lista de cosas por limpiar 2

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