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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 75

A la mañana siguiente, Marina despertó y con la mirada recorrió el lugar, no se había tratado de un sueño, todo era verdad. Ella estaba nuevamente en el hospital, pero Efrain ya no estaba ahí, en su lugar y para su desagradable sorpresa quien la acompañaba era Esteban, el cual parecía haberse quedado dormido.

Marina sintió un gran vacío en el pecho, ¿Acaso había estado soñando? ¿Cómo era posible? ¡No! Lo que había visto se sentía tan real, esa conversación la había sentido tan real, ¿Acaso se estaba volviendo loca?

El monitor que checaba su frecuencia cardiaca provocó que Esteban abriera los ojos y la viera.

—¡Marina! ¡Despertaste! ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? —dijo el hombre levantándose de su lugar y mostrando cierta preocupación.

Marina se sintió incomoda al ver la cercanía de aquel hombre.

—Esteban, ¿Qué haces aquí? —preguntó desconcertada.

—Ayer me hablo Renata muy asustada y me dijo que te habían tenido que traer al hospital en ambulancia, ¿Qué fue lo que sucedió? Sí es por lo de ayer, ¡Lo lamento! ¡De verdad lamento todo lo que sucedió! ¡Jamás debí decirte todo lo que dije! Sé perfecto que lejos de ayudar te he complicado más tu recuperación, pero créeme, esto no volverá a suceder. -dijo el hombre con sumo arrepentimiento.

Marina no entendía que estaba ocurriendo, no sabía en que momento Efraín se había dio y la había dejado a lado de este hombre.

—Esteban… Solo déjame sola, tú y yo, ya no estamos juntos. De verdad, no entiendo porque insistes en aparecer delante de mí.

Ayer tuve una fuerte discusión con Renata por tu culpa, te pido que dejes de confundir a nuestra hija, la cual, se aferra a la idea de que yo soy la culpable de todo lo malo que te sucede a ti y tu nueva pareja. -dijo Marina recordando las dolorosas palabras que su hija le había lanzado.

—Marina, sé que tu intención es pelear, pero no te voy a dar el gusto. El médico dijo que hoy podrías ir a casa, iré a verlo y vere que se organice todo para que podamos irnos.

—Esteban ¿Acaso no escuchaste nada de lo que dije? ¿Acaso no he sido clara? -preguntó Marina un tanto molesta.

—Marina, solo busco calmar a nuestra hija, solo busco que ambas niñas sepan que siempre voy a estar ahí, para ellas y también, para ti.

Marina cerro los ojos, ya no quería discutir nada con este hombre, quien con todas sus acciones, lo único que lograba era exasperarla más y más.

—Marina… Sé que estas muy molesta con Renata, ella me ha contado todo. Ayer cuando me llamo por teléfono, me percaté de que estaba muy asustada. Solo quiero que se sienta tranquila y sepa que nunca estarán solas.

- Esteban, creo que no necesitas hacer esto, tú y yo, ya nos hemos separado y creo que parte de una separación es dejar de frecuentarnos, no buscarnos más, ¿no lo crees?

—¡Sobre mi cadáver lo harás…! —dijo Marina con firmeza. – Sabía que todas estas buenas intenciones, solo eran puras apariencias, tú lo único que buscas es quitarme a mis hijas y quedar como el mártir, ¿verdad?

—Ya te lo dije Marina, no pienso pelear y tampoco, pienso permitir que maltrates a mi hija; además, ambos sabemos que tu preferida es Diana y no tienes problemas con ella por loque estoy convencido de que se puede quedar contigo.

Pero, haciendo de lado eso, Renata, ella se viene conmigo y será mejor que no pongas resistencia, de lo contrario, seré yo quien pida que un psicólogo evalué a nuestra hija y podrían salir cosas que ni tu estas lista para enfrentar. -dijo Esteban en señal de advertencia.

Marina sintió que dentro de aquel discurso, iban implícitas unas afiladas palabras como amenaza, por lo que decidió no hablar más, ella debía salir pronto del hospital y hablar con su abogado.

—¿Eso es todo? ¡Ya no finjas más Esteban! Te puedes marchar, yo me puedo ir sola a casa, no necesitas hacerla del marido perfecto, porque hasta donde yo sé, tú y yo ya no somos eso y, lo que me estas pidiendo, es precisamente la aclaración de nuestro estatus.

—¡Marina! ¡Deja ya de comportarte de manera inconsciente! Te voy a llevar a casa y recogeré a mi hija, ya le he pedido a Ofelia que le ayude con sus cosas para luego de dejarte en casa, recogerla y llevármela, no quiero incomodarte más con su presencia.

—¿De verdad crees que te voy a dejar que te lleves a mi hija? -preguntó Marina molesta.

—Deberás hacerlo, de lo contrario, no solo me llevaré a Renata, Diana, tu queridísima Diana, se irá también conmigo.

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