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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 77

Marina miro al hombre que estaba hablando, no podía creer que estuviera dando por sentado que aquello podría ser real, pero era verdad, él era Esteban Montemayor, era hijo de una familia adinerada y ella, ella no era nadie y no tenía nada.

Ya no queriendo discutir más, simplemente decidió no hablar hasta llegar a casa, cuando lo hizo, se sorprendió, pues Renata ya los esperaba fuera de la casa con varias maletas de equipaje y no estaba sola, Eugenia, la madre de Marina y Paulina su hermana mayor, la acompañaban.

Marina al ver la escena, solo cerró los ojos, sabía que esta no iba a ser un buen día, para ser domingo, definitivamente no sería un buen día.

Al llegar a casa, Eugenia y Paulina inmediatamente saludaron a Esteban. Marina solo vio como quienes deberían recibirla con alegría, solo de derretían en halagos hacia su exmarido.

—¡Mami! ¡Mami! ¿Ya te dijo papá? ¡Me voy a vivir con él! ¡Ya no quiero hacerte enojar más! ¡Me voy con él! Así tú serás feliz y yo también… —dijo la niña convencida de su propia lógica.

Marina sabía que por el momento, sin un abogado y aun sintiéndose mareada por el medicamento, tenía la batalla perdida. Si Esteban quería llevársela, que lo hiciera, esta vez, tal como se lo había dicho a aquella alucinación nocturna, se daría por vencida, ya no lucharía más por su hija, la cual daba brincos de felicidad.

—Renata, si esa es tu decisión, yo no puedo hacer nada. -dijo Marina con resignación. - Esta vez, no pienso contradecirte, pero debes saber algo. Lo que haces, no es por mí, es por ti cariño, esta es tu casa, yo soy tu madre y te amo.

Renata, eres mi hija, te lleve en mi vientre por nueve meses y te he cuidado a lo largo de todos estos años, te amo y nunca dejaré de hacerlo, te amo y por esta vez, te dejare tomar la decisión que consideras correcta. -dijo Marian sintiendo un inmenso dolor apoderándose de su corazón.

—¡Marina! ¿De verdad piensas dejar ir a tu hija? ¿Caso ella te estorba? Seguro Lina ya te contaminó, ¿verdad? —dijo Eugenia sobresaltada y sorprendida por la acción de su hija.

—¡Marina! No es de una mujer decente y responsable, delegar sus responsabilidades. Tú eres su madre y Esteban no debería cargar con los deberes que son tuyos, ¡Por Dios, Marina! ¡Reacciona! ¿Por qué Esteban debe ahora mortificarse con cuidar de su hija? ¿Acaso tú no puedes? ¡Tu decidiste ser madre y ahora te deshaces de tus obligaciones como madre!

—PAULINA… ¡CALLATE! CIERRA ESA PUTA BOCA QUE TIENES, ¿ACASO ERES MADRE? ¿ACASO SABES COMO PIENSA UNA MADRE? -gritó Marina perdiendo la poca calma que sentía.

—¡Marina! ¿Por qué le hablas así a tu hermana? Ella solo busca lo mejor para ti… ella solo busca que reacciones, no que te pongas a gritarle. -dijo Eugenia molesta ante la decisión y actitud de su hija.

—¡Madre…! ¡Yo también soy tu hija! Llevo años, muchos años, queriendo que me veas, pero esta vez, solo esta vez, te pido que te vuelvas ciega.

Tal como siempre lo has hecho, luego de ello, te pido que me dejes en santa paz, sino pueden respetar mis deseos, les voy a pedir que se retiren de mi casa.

La verdad es que no sé a qué debo el honor de su visita, porque antes de preguntarme como estoy, solo me han atacado y lastimosamente para ustedes, yo no tengo la vida perfecta.

Madre te recuerdo que yo no soy Paulina, la solterona que no se casa porque no se atreve o porque no tiene quién llene sus expectativas.

Habiendo dicho eso, estoy cansada, vengo del hospital, tengo 3 costillas fracturadas y por si no recuerdan hace mes y medio tuve un accidente automovilístico. Esta es la segunda vez que las veo después de despertar y salir del hospital, créanme, no es nada agradable recibir puras críticas de ustedes.

Capítulo 77: Madura y vive tu propia vida 1

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