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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 81

Efraín miraba a través del ventanal; en su juventud jamás se vio sentado en aquella silla tan codiciada por su primo. Él, cuando fue enviado a Nueva York por parte de su tío, jamás hubiera imaginado que ese mismo hombre sería quien lo colocaría en ese lugar.

—¿Ya estás listo? —preguntó Dante Montemayor mientras caminaba con taza de café en mano.

—¿Honestamente?

—Dime…

—No, jamás me vi tomando el lugar de mi primo. —respondió el joven con calma.

—Pues nunca digas nunca. Solo te voy a pedir una cosa…

—Dígame…

—No me decepciones, tú me conoces muy bien y sabes que hay muchas cosas que puedo perdonar, pero la traición y el incumplimiento de mis decisiones no son de ellas.

—No tiene que decirlo dos veces, sé lo que podría suceder, pero… Sí, por alguna razón, sucediera algo como lo que usted advierte, dígame, ¿qué haría? ¿Quién podría tomar mi lugar?

—¿A dónde va tu pregunta?

—Solo por conversar…

—Hmm… Debo ser honesto contigo, Ángel: si tú me fallas, tendría que recurrir a medidas poco ortodoxas para poner en orden este lugar.

Efraín sabía bien a qué se refería, pero no lo mencionaba, pues, a pesar de que a su madre la había enviado a Nueva York, Lucrecia era la máxima confidente de Dante; por ende, había dos o tres cosas que él ya sabía de su tío y que solo usaría cuando considerara pertinentes.

—Como le dije, no soy muy afín a este tipo de trabajos, solo estaré como máximo medio año, así que, supongo que para ese entonces, Esteban ya debería haber puesto su vida en orden, ¿no lo cree?

—Esteban tiene la vida hecha un mierdero, ¿crees que medio año será suficiente?

—No lo sé y tampoco me preocupa mucho, él pierde más que yo. —Por cierto, ahora que he regresado a México, me quedé pensando que no he tenido oportunidad de visitar a mi tía Florencia. ¿Cómo está ella? —preguntó Efraín, sabiendo lo que causaría con aquella pregunta.

—Tu tía no está en la ciudad, se fue al pueblo.

—¡Vaya! ¡Qué raro! Ayer hablé con Sofí y no me comentó nada.

—Se fue apenas hoy por la mañana…

—Ya veo, espero que pronto regrese; quisiera pasar a visitarla. Recuerdo que ella cocinaba unos deliciosos postres.

Cada palabra que Efraín mencionaba iba con una doble intención; estaba claro que Dante no diría ni una sola palabra de lo que sucedía y, otra, quería averiguar si en su lista de posibles candidatos a ayudar a su mujer no se encontraba él y, por lo visto, no, él no se encontraba ahí.

—Tan pronto regrese del pueblo, le diré que te venga a visitar.

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