Marina no tuvo más remedio que aceptar que, en parte, sí, sí tenía ganas de salir con Efraín. No lo quería reconocer, le costaba hacerlo sin sentirse culpable, pero ella quería saber lo que era ir a cenar, quería volver a repetir esa maravillosa sensación de verse reflejada en los ojos de alguien.
Le había gustado esa rara sensación de sentirse bonita; quería sentirse atractiva, quería experimentar eso que hacía muchos años había dejado atrás, eso de lo que solo se había conformado por un mes a cambio de 9 años de matrimonio.
—¡Está bien, Ofe! Pero, honestamente, no creo que haya algo bonito en mi guardarropa. Casi todo me queda holgado porque bajé de peso y porque casi no salía con mi marido.
—Ande, vamos, ya tengo pensado en un elegante vestido que seguro ya debe quedar.
—¿Cómo?
—¡Vamos! ¡Vamos a su guardarropa! —dijo la mujer con entusiasmo.
Tras aquellas palabras, ambas mujeres fueron y revisaron aquel enorme guardarropa, descubriendo que entre tantas prendas de mamá que le quedaban holgadas, estaba un bonito vestido de shifón color negro con tirantes de espagueti.
Marina no recordaba bien cuándo había adquirido aquel vestido, pero estaba segura de que debía ser cuando era muy jovencita, pues después de que nacieron sus bebés, solo pudo ver cómo su cuerpo cambió drásticamente, desde sus pechos, cintura, vientre hasta llegar a sus caderas y nalgas.
—¡Pruébeselo! Seguro que ya le ha de quedar.
—¿De verdad crees que entraré en él?
—¡Claro! Usted deje de preocuparse. En el hospital bajó mucho de peso, no se angustie. —dijo la mujer tal cual madre, viendo con ojos de amor a su hija.
—¡Está bien, Ofelia! Ahora vuelvo.
Ofelia se sentía como la madre de aquella joven mujer; pareciera como si la estuviera instando a ir a una fiesta.
Conocía a aquella mujer desde que llegó a la ciudad, la pobre lucía asustada; a leguas se notaba que era muy pero muy joven, comparada con el señor. Ella siempre había sido una mujer bastante tranquila y amable; su amistad ya tenía cerca de 9 años.
En todos estos años, ella se había percatado de que la pobre lidiaba con una familia que pareciera ser que la tenía relegada a ser solo un miembro más, no, mejor dicho, un mueble más; incluso, no le daban la misma importancia que le daban al esposo cuando venían de visita, siendo que ella se desvivía en atenciones hacia ellos.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)