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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 87

Capítulo 87: Peninsula Tower

Tal como lo había prometido Efraín. A las 8:00 pm, un elegante Maserati MC20 color negro se anunciaba en casa de Marina.

Ella, al escuchar cómo Ofelia le daba acceso, sintió una punzada en la panza; se miraba en el espejo y aún no se sentía segura de lo que llevaba puesto, pensaba en que si no era demasiado atrevido el vestido que llevaba puesto.

Aquella joven mujer estaba asombrada de cómo era que Ofelia conocía todo lo que ella tenía en su alcoba, puesto que le había sugerido con guiño en ojo un perfecto conjunto de lencería que era menos visible que el que llevaba puesto.

Marina, al ver aquello, recordó que era algo que había comprado para lucirlo con Esteban.

—Señora, deje de pensar en el pasado. Ya es hora de que, de vuelta a la página, además, ¿apoco no piensa usar esa prenda? Estoy completamente segura de que será menos visible que esos calzones de abuela.

—¡Ofelia!

—¿Qué? Mire que ya tengo mis años y, aun así, desde aquí puedo ver el tipo de calzones que lleva puestos, ande use esa prenda, claro, a menos que sienta bochorno de pensar que el señor Forcelledo se la vaya a ver. —dijo la mujer picando el orgullo y dignidad de su jefa.

—¡Ofelia! ¿Qué cosas dices? Mira, mira cómo me voy a poner esto, ya deja de verme de manera acusatoria e imaginarte cosas.

Ofelia sonrió, pues ese vestido merecía ser usado como debía. Tras cambiarse la ropa interior, Marina salió del vestido y Ofelia la observo a detalle.

—¡Señora, luce estupendamente bien!

—¡Gracias, Ofelia! Ahora sí, te encargo mucho a mi Diana; ella se está dando un baño en este momento. Le avisé que saldría un momento, pero ya le di la bendición y le di un besito de buenas noches. —dijo la mujer como si se fuera a un largo viaje.

—¡Sí, señora! Ande, vaya, no haga esperar a aquel atractivo caballero y recuerde, usted es una mujer soltera y merece vivir cosas que cualquier mujer debe vivir.

—¡Ay, Ofe! Tú lo haces parecer tan sencillo. —dijo toda sonrojada y apenada.

—¡Ande! Ya váyase No haga esperar a tan atractivo caballero.

—¡Está bien! ¡Está bien! ¿Segura de que me veo bien?

—Luce estupendamente bien…

—Bueno, me voy; cualquier cosa, me hablas y regreso a casa en ese mismo momento, no lo olvides. —dijo la mujer preocupada y angustiada por dejar a su hija sola.

—¡Sí, señora! Ande, ya no haga esperar al atractivo y sexy caballero que la está esperando en la sala de estar.

Marina tomó su bolso y caminó escaleras abajo; al hacerlo, se percató de una silueta conocida que observaba atentamente una pintura que estaba en el pasillo.

—Ho… Hola, per… Perdón, no quise hacerte esperar. —dijo Marina bajando las escaleras y observando al atractivo hombre que volteaba a verla.

—¡Hola, cariño! —¡Luces hermosa! —dijo Efraín tragando saliva al ver tan hermosa mujer.

El hombre ahí parado no pudo evitar recorrer con la mirada aquella bella mujer que venía descendiendo enfundada con un elegante y sensual vestido vaporoso.

—¡No digas cosas! —¡Anda! ¡Vámonos antes de que me arrepienta! —dijo Marina pensando en que en cualquier momento su hija podría asomarse y no quería que se creara una mala idea de ella.

—¿Por qué te arrepentirías? Solo vamos a cenar y haremos una larga lista de cosas que necesitas limpiar. —dijo el hombre poniendo su brazo para que ella se apoyara en él.

Marina escuchó con atención lo que aquel hombre dijo y no encontró fallas en su lógica.

—¡Tienes razón! —sonrió con confianza.

—Bien, vamos… Acto seguido, abrió la puerta de su auto y la invitó a subir.

—¡Es un imponente auto! ¿Es nuevo?

—¡Claro!

—Ser el CEO del grupo Montemayor te trajo ventajas, ¿verdad?

—¿No crees que es un lugar muy público? No… No quiero que tengas problemas.

Efraín sonrió al ver el nerviosismo de la chica y no dijo una sola palabra, solo se dedicó a conducir a donde tenía pensado llevarla.

Tras algunos minutos más, Marina vio como accedían a un edificio conocido como Peninsula Tower, aquello la hizo sentirse minúscula en su asiento.

—¿A… ¿A dónde vamos?

—Tranquila, no te voy a llevar adonde se te supone piensas que nos van a juzgonear.

—¿Entonces?

—Ya lo veras…

Luego de aquello, vio cómo el hombre entró a un estacionamiento subterráneo y, luego de ello, aparcó su auto para descender e inmediatamente rodearlo e ir a abrirle la puerta y ayudarla a bajar.

—Ven, vamos… —dijo dándole la mano.

—Efraín, ¿Por qué tanto hermetismo? ¿A dónde vamos? —dijo mientras miraba como su mano iba sujeta por la grande y fuerte mano de él.

No lo había visto, pero su pequeña manita se ajustaba muy bien al tamaño de la de él. Luego, el sonido de la campanita al cerrar el elevador la hizo salir de aquella idea loca.

—Quiero mostrarte algo…

—Es… Está bien, pero… ¿Por qué no me dices a dónde vamos?

—Porque ya vamos para allá… Calma mujer, no comas ansias…

Un par de minutos después, la campanita del elevador sonó y las puertas se abrieron dejando al avista una impresionante vista de la ciudad a oscuras.

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