Efraín entró y preguntó:
—¿Te gusta?
—¡Eh…! —¡Sí, es impresionante! —dijo Marina entrando al lugar.
Acto seguido, una luz tenue iluminó el sitio, dejando a la vista el lujoso apartamento.
—¿Es… ¿Esta es tu casa?
—¡Efectivamente!
—¿Me trajiste a tu casa? —preguntó nerviosa.
—¡Sí! ¿Por? ¿Algún problema? De ser por mí, te hubiese llevado al mejor sitio que hubiera, pero, según tú, no deben hacerse rumores de nosotros.
Escenas de lo que había ocurrido en Holbox pasaron por la mente de Marina y eso la puso aún más nerviosa.
—¡Anda! No como, no a menos que eso sea lo que quieras… —dijo con descaro mientras se adelantaba y caminaba hacia la sala para comenzar a encender las velas con las que estaba decorado el lugar.
—Anda, pasa, debes estar hambrienta, ponte cómoda. —dijo él con total naturalidad.
Marina observaba el apartamento; todo ahí gritaba lujo y, obviamente, elegancia.
—¿Esto es tuyo? —preguntó tragando saliva mientras caminaba y observaba todo.
—Sí, ¿por?
—¿A qué te dedicas?
—Hmm… Actualmente soy el CEO del famosísimo grupo Montemayor, ¿por?
—¡Dios, Efraín! ¿De dónde tienes para pagar algo así?
—Esta fue otra de mis condiciones… —dijo mientras se retiraba la chaqueta del traje y se dirigía hacia la cocina.
Ella por instinto lo siguió, topándose con un delicioso aroma a comida.
—Dame unos minutos y podemos cenar… —dijo Efraín concentrado en calentar los platillos dispuestos en la encimera.
—¿Tú cocinaste todo?
—¡Sí! Tuve que salirme antes de la oficina, pero sí, pasé a dejar algunas cosas precocinadas y eso, pero al parecer todo estuvo a la hora justa para ir por ti.
Marina se quedó sin palabras; ella en su vida se hubiera imaginado ver a Efraín cocinando. Si lo pensaba bien, Esteban jamás tocaría una cuchara o un sartén, mientras que Efraín se movía con bastante agilidad sin molestarse en si era apropiado o no.
—Pensando en que te gusta la cocina italiana, preparé algunos platillos sencillos; espero que te gusten.
—¿Italianos?
—Sí, recordé que en Holbox fuimos a comer pizza y ayer no te pregunté qué querías cenar, así que no me quise complicar más y preparé algo de comida italiana, ¿te gusta, verdad?
—Mmm… Huele delicioso, ¿cómo no podría gustarme?
—¡Qué bueno! Por un momento, estuve por entrar en pánico… —dijo Efraín con los ojos puestos en Marina.
—¿Por?
—Di por sentado que te gustaría, pero la verdad es que, en ningún momento te pregunte.
—¿Qué cocinaste?
—Hmm… Espaguetis a la boloñesa como entrada, bistec a la Fiorentina con un poco de ensalada de brotes y flores comestibles; luego, como postre Crostata ai frutti di bosco.
—¿En qué momento hiciste todo eso?


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