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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 90

Mientras todo aquello pasaba en el poniente de la ciudad, en el centro, en el apartamento de Lina, finalmente estaba por quedarse dormida; sin embargo, algo la hizo despertarse y sobresaltarse, pues escuchó cómo alguien abría la puerta de su apartamento.

Su cuerpo se heló al escuchar unas pisadas acercándose lentamente a su habitación; fue aquí donde recordó las palabras que su madre le había dicho el día que avisó que se iría a vivir sola.

—Adelina Salas Toledo, ¿A dónde se supone que vas a vivir? ¿Qué tal si un día te dan un susto? ¿Cómo te podrías defender si eres una mujer indefensa? ¡Hija! ¡Piénsalo bien! ¡Tú sola! ¡No, hija! ¡No estoy de acuerdo!

—¡Lo siento, mamá! La decisión ya la he tomado; además, el apartamento me queda cerca de mi trabajo.

—¡Adelina! ¡Por qué no puedes ser como Paulina!

—¿Por qué? ¡Porque no soy Paulina! Deja ya de compararnos con ella; además, si fuera como ella, primero que nada, tendrían que haberme enviado a Vancouver como lo hicieron con ella.

—¡Hija! Estás siendo muy dura con nosotros, no digas esas cosas.

—¡No, madre! Marina no tenía muchas posibilidades, según tú, porque debían pagar la estancia en Vancouver de Paulina; luego, Marina se casó y ahora, yo. Cuando tuve que estudiar, ¿a poco pensaste en mí para enviarme allá? ¡NO! ¡Ni siquiera les pasó por la cabeza! ¡Todo lo bueno es para ella! ¡Todo!

Lina se perdió en el recuerdo, olvidándose de lo que de verdad le aquejaba en ese momento, aunque casi de inmediato regresó a su realidad cuando escuchó cómo la puerta poco a poco se abría. Ella, por instinto, tomó su móvil, pues no tenía nada más ahí que pudiera lanzarle a quien iba entrando.

Tan pronto como la puerta se abrió, la joven lanzó su móvil y gritó:

—¡Largo! ¡Auxilio!

Pero el susto se volvió sorpresa al ver quién estaba parado en el umbral de la puerta.

—Adelina… ¡Tranquila! ¡Soy yo!

La joven mujer miraba con terror y sorpresa reflejada en los ojos.

—¿Qué? ¿Qué haces aquí, Alessandro?

—¡Tranquila! Primero que nada, trata de calmarte… Te he estado llamando y tu móvil está apagado. —dijo el hombre al ver la reacción de aquella mujer.

—Te hice una pregunta, ¿qué haces en mi casa, Alessandro?

—Me preocupo de que no respondieras, pensé que te había sucedido algo. No te vi el día que tu hermana fue ingresada en el hospital.

—¿Cómo? —reaccionó con sorpresa.

—Tu hermana fue a parar al hospital el sábado por la noche y pensé que irías a cuidarla…

—¿Marina? ¿Qué? ¿Qué le ocurrió?

—Nada grave, agotamiento, no se cuidó lo suficiente y tuvo una leve recaída…

Lina levantó la mirada y recordó por qué estaba en el estado que estaba. Su hermana había sufrido el accidente donde casi muere; luego, la había dejado ir sola en ese viaje. Se maldijo por dentro y se enojó por fuera.

—¿TÚ? ¿QUÉ DEMONIOS HACES AQUÍ? —¿QUIÉN TE DIO ACCESO A MI APARTAMENTO? —gritó molesta al recordar una escena que prefería olvidar.

—¡Adelina! No había tenido noticias tuyas y me preocupé, por eso vine, pero si te molesta, me voy. —Expresó el hombre, incómodo y molesto.

—Pues sí me incomoda y mucho; agradezco tu preocupación, pero no tienes por qué hacerlo.

—¿Qué te sucede? ¿Podrías explicarte? No te estoy entendiendo nada… Primero me buscas de manera incesante y ahora, simplemente, ¿desapareces?

—Es obvio que no entiendes nada, ¿sabes? Si hubieras venido el viernes, tal vez hubiera pensado que todo lo que vi era un error, pero no, no, la verdad es que seguramente tu prometida ha de estar en turno y tú andas desocupado, ¿verdad?

—¿Prometida?

—Sí, Alessandro, tu prometida, ¿acaso Dominika Stephanonni no es tu prometida?

Alessandro se quedó callado por un momento; era claro que la chica había dado en el clavo.

—¡Ah! ¿Se trata de eso? —dijo él con total tranquilidad.

—¡Sí! Lo dices como si no te afectara. —dijo Lina con evidente contrariedad.

—¿Por qué debería hacerlo? Pensé que sabías…

—¿Qué? —¿Cómo dices? —preguntó desconcertada.

—Pensé que sabías; tú fuiste la que literalmente se me lanzó a los brazos; creía que no te importaba que yo estuviera comprometido.

—¿Y cómo demonios iba yo a saber que tú estabas comprometido? —¡Dime! ¿Cómo? —dijo Lina sintiendo cómo las lágrimas y el nudo en la garganta se le acumulaban.

Capítulo 90: ¡Esto es lo que me gusta de ti! 1

Capítulo 90: ¡Esto es lo que me gusta de ti! 2

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