La mirada de Magdalena se ensombreció.
En ese momento, no podía hablar, ni siquiera pronunciar una sola palabra.
Empezó a dudar de lo que estaba pensando.
¿De verdad Benjamín solo quería recompensarla?
¿Por qué sentía una extraña sensación en el pecho?
Andrés y Jimena intercambiaron una mirada, ambos coincidiendo en que Benjamín tenía razón.
Otorgarle un cinco por ciento era demasiado.
Sin embargo, dada la situación, no tenían otra alternativa más que ceder.
Andrés lo meditó por un instante y finalmente asintió.
—De acuerdo, lo haremos a tu manera.
Miró a su secretario y le dio instrucciones para modificar el contrato.
Josefina observó toda la escena con el rostro pálido; su postura, siempre firme, pareció derrumbarse un poco en ese instante.
Ya fuera un tres o un cinco por ciento, no quería darle absolutamente nada a Magdalena.
Pero estaba sola en esto.
No podía hacer nada.
Y lo que menos esperaba era que la persona que más la lastimara fuera él.
Respiró hondo. De pronto, perdió las ganas de seguir con ese maldito trato; la urgencia de divorciarse de Benjamín la consumía.
Lo miró con profunda decepción y le dijo:
—Mañana, nos vemos en el Registro Civil.
Dicho eso, dio media vuelta y se marchó.
Al salir del hospital, llamó por celular a Teresa.
—Bueno, Jose, ¿qué pasó? —Teresa contestó de inmediato con un tono muy suave.
Josefina cerró los ojos y respondió:
—Señora Teresa, ya no quiero seguir con ese trato. No me importa si se enreda con Magdalena o no, no lo soporto ni un día más. Dígale que vaya conmigo al Registro Civil.
Teresa se quedó pasmada al escucharla y preguntó con prisa:

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